Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.
El día que me largué, las Mellizas dormían juntas en la vieja cama de hierro y,
al besarlas en la frente, la Clara, que sólo dormía con un ojo y me miraba con
el otro, azul, patéticamente inmóvil, rebulló y los muelles chirriaron, como si
también quisieran despedirme. A Padre no le dije nada, ni hice por verle,
porque me había advertido: «Si te marchas, hazte la idea de que no me has
conocido». Y yo me hice la idea desde el principio y amén. Y después de
toparme con el Aniano, bajo el chopo del Elicio, tomé el camino de Pozal de la
Culebra, con el hato al hombro y charlando con el Cosario de cosas
insustanciales, porque en mi pueblo no se da demasiada importancia a las
cosas y si uno se va, ya volverá; si uno enferma, ya sanará; y si no sana, que
se muera y que le entierren. Después de todo, el pueblo permanece y algo
queda de uno agarrado a los cuetos, los chopos y los rastrojos. En las ciudades
se muere uno del todo; en los pueblos, no; y la carne y los huesos de uno se
hacen tierra, y si los trigos y las cebadas, los cuervos y las urracas medran y se
reproducen es porque uno les dio su sangre y su calor y nada más.
domingo 27 de septiembre de 2009
viernes 18 de septiembre de 2009
Café para todos
Dirán ustedes que lo de hoy es una chorrada, y que vaya tonterías elige el cabrón del Reverte para su artículo. Para llenar la página. Pero no estoy seguro de que la cosa sea intrascendente. Como decía Ovidio, o uno de esos antiguos –lo leí ayer en un Astérix–, una pequeña mordedura de víbora puede liquidar a un toro. Es como cuando, por ejemplo, ves a un fulano por la calle con una gorra de béisbol puesta del revés. Cada uno puede ir como le salga, naturalmente. Para eso hemos muerto un millón de españoles, o más. Luchando por las gorras de béisbol y por las chanclas. Pero esa certeza moral no impide que te preguntes, con íntima curiosidad, por qué el fulano lleva la gorra del revés, con la visera para atrás y la cintita de ajustarla sobre la frente. Todo eso conduce a más preguntas: si viene directamente de quitarse la careta de catcher de los Tomateros de Culiacán, si le da el sol en el cogote o si es un poquito gilipollas. Concediéndole, sin embargo, el beneficio de la duda, de ahí pasas a preguntarte si, en vista de que al pavo le molesta o no le conviene llevar la visera de la gorra hacia delante, por qué usa gorra con visera. Por qué no recurre a un casquete moruno, un fez turco o a una boina con rabito. Luego terminas pensando que es raro que los fabricantes de gorras no hayan pensado en hacer una gorra sin visera, para fulanos como el que acabas de ver; y de eso deduces, malpensado como eres, que la mafia internacional de los fabricantes de gorras de béisbol pone visera a todos los modelos para cobrar más caro y explotar al cliente, y luego lo disimulan regalándole gorras a Leonardo DiCaprio para que se las ponga del revés cuando saca en moto a su novia en el Diez Minutos. Eso te lleva inevitablemente a pensar en la crisis de Occidente y el aborregamiento de las masas, hasta que acabas echando espumarajos por la boca y decides apuntarte en Al Quaida y masacrar infieles, mientras concluyes que el mundo es una mierda pinchada en un palo, que odias a la Humanidad –Monica Bellucci aparte– y que la culpa de todo la tiene el Pesoe.
miércoles 9 de septiembre de 2009
El último escalón
Verás – empezó –. La evolución mental ha seguido un patrón definido. Primero era algo informe. Una conciencia forzada. Instinto. Poca función individual y mucha colectividad. El estado mental primitivo. A continuación se produjo una reducción drástica de la respuesta amplia. Limitación máxima a cambio de dirección y poder máximos. En una palabra: concentración. El estado en el que podría decirse que existimos en éste momento. Somos maestros absolutos de la técnica y, sin embargo, ignoramos por completo el conocimiento de nosotros mismos. El paso definitivo, el paso que todavía tenemos que dar o que, quizás, ya estamos dando, es el siguiente: conservar los valores de la racionalidad, de la objetividad. Al mismo tiempo, es necesario que volvamos a zambullirnos en lo informe y en lo irracional. Esto puede parecer un paso hacia atrás pero en realidad será un paso hacia la especulación subjetiva. Un paso hacia la auto-dirección. En resumen, hacia la percepción. – Sonrió –. Aunque ha sido una explicación muy breve – añadió –, estoy seguro de que la has entendido.
miércoles 2 de septiembre de 2009
Diario de un emigrante
Hay panolis que se piensan que esto de escribir para uno es como el hablar a solas, cosa de chalados. Eso son las ganas de enredar las cosas, porque uno no siempre dice lo que quiere y hay pensamientos que andan por dentro de uno y, uno, por vueltas que le dé, no acierta a expresarlos. Uno es de una manera y cómo uno es, no lo sabe ni su madre y, sin necesidad de ir al zorro, uno nunca se confía del todo a los demás y si quiere recordarse de algo, no hay como comerlo a palo seco, sin el recelo de que otro venga a cachondearse de lo que dice. Esta es la fetén y el que diga lo contrario, miente.
jueves 6 de agosto de 2009
Camino de perfección
¡Qué hermoso poema el del cadáver del obispo en aquel campo tranquilo! Estaría allá abajo con su mitra y sus ornamentos y su báculo, arrullado por el murmullo de la fuente. Primero, cuando lo enterraran, empezaría a pudrirse poco a poco: hoy se le nublaría un ojo, y empezarían a nadar los gusanos por los jugos vítreos; luego, el cerebro se le iría reblandeciendo, los humores correrían de una parte del cuerpo a otra y los gases harían reventar en llagas la piel: y en aquellas carnes podridas y desechas correrían las larvas alegremente…
Un día comenzaría a filtrarse la lluvia y a llevar con ella sustancia orgánica, y al pasar por la tierra aquella sustancia se limpiaría, se purificaría, nacerían junto a la tumba hierbas verdes, frescas y el pus de las úlceras brillaría en las blancas corolas de las flores.
Otro día esas hierbas frescas, esas corolas blancas darían su sustancia al aire y se evaporaría ésta para depositarse en una nube.
¡Qué hermoso poema el del cadáver del obispo en el campo tranquilo! ¡Qué alegría de los átomos al romper la forma que les aprisionaba, al fundirse con júbilo en la nebulosa del infinito, en la senda del misterio donde todo se pierde!
Un día comenzaría a filtrarse la lluvia y a llevar con ella sustancia orgánica, y al pasar por la tierra aquella sustancia se limpiaría, se purificaría, nacerían junto a la tumba hierbas verdes, frescas y el pus de las úlceras brillaría en las blancas corolas de las flores.
Otro día esas hierbas frescas, esas corolas blancas darían su sustancia al aire y se evaporaría ésta para depositarse en una nube.
¡Qué hermoso poema el del cadáver del obispo en el campo tranquilo! ¡Qué alegría de los átomos al romper la forma que les aprisionaba, al fundirse con júbilo en la nebulosa del infinito, en la senda del misterio donde todo se pierde!
sábado 18 de julio de 2009
La hoja roja
El viejo Eloy le dijo, con el rostro transido de amargura, que la vida era como una sala de espera y que todos andaban en ella, y que, de tanto en cuando, alguien decía: "El siguiente", y de esta manera, poco a poco, el mundo se iba renovado, por que unos entraban y otros salían.
viernes 5 de junio de 2009
Homo
Los inteligentes crearon el mundo y los imbéciles disfrutan de él, La selección no es sólo natural sino también cultural, y desde hace miles de años el Homo sapiens elabora comportamientos y sistemas sociales que provocan el exterminio de los mejores.
lunes 18 de mayo de 2009
La tregua
Si alguna vez me suicido será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo.
martes 10 de marzo de 2009
"No es necesario que me lleven a otra prisión. Mi vida ya se acaba. Sugiero que me claven en una cruz y me quemen vivo. Mi cuerpo en llamas será una antorcha que guíe mi pueblo por el camino de la libertad"
jueves 5 de marzo de 2009
Cartas a un joven poeta
Distinguido señor mío:
Su carta me ha alcanzado hace sólo pocos días. Quiero darle las gracias por su grande y afectuosa confianza. Apenas puedo hacer otra cosa; no puedo entrar en lo que son estos versos, porque estoy demasiado lejos de toda intención crítica. No hay cosa con la que pueda tocarse tan escasamente una obra de arte como con las palabras críticas: siempre se va a parar así a malentendidos más o menos felices. Las cosas no son todas tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer casi siempre; la mayor parte de los hechos son indecibles, se cumplen en un ámbito que nunca ha hollado una palabra; y lo más indecible de todo son las obras de arte, realidades misteriosas, cuya existencia perdura junto a la nuestra, que desaparece.
Su carta me ha alcanzado hace sólo pocos días. Quiero darle las gracias por su grande y afectuosa confianza. Apenas puedo hacer otra cosa; no puedo entrar en lo que son estos versos, porque estoy demasiado lejos de toda intención crítica. No hay cosa con la que pueda tocarse tan escasamente una obra de arte como con las palabras críticas: siempre se va a parar así a malentendidos más o menos felices. Las cosas no son todas tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer casi siempre; la mayor parte de los hechos son indecibles, se cumplen en un ámbito que nunca ha hollado una palabra; y lo más indecible de todo son las obras de arte, realidades misteriosas, cuya existencia perdura junto a la nuestra, que desaparece.
jueves 22 de enero de 2009
Un Maestro de Alemania
La "voluntad de poder", que Nietzsche había atribuido al "espíritu libre", no triunfa en la cumbre de la montaña del "superhombre", sino en el ajetreo de una civilización, con laboriosidad de hormiga, que pone un "sello ciéntifico" en su razón práctica. Eso era aplicable al mundo burqués, pero también al movimiento obrero, cuya solución contundente sonaba así. Saber es poder. La formación había de traer ascenso social y hacer resistente contra los engaños de todo tipo. Al que sabe algo, ya no es fácil hacerle creer nada; lo impresionante en el saber es que ya no hace falta dejarse impresionar. Se promete una conquista de soberanía y se da satisfacción a la necesidad de rebajar las cosas y ceñirlas al formato propio, tan pobre como sea posible.
viernes 2 de enero de 2009
La guerra de Secondigliano
Matar a todos.A todos sin excepción. Aun teniendo dudas. Aunque no sepas de qué parte están, aunque no sepas si tienen una parte. Dispara! Es chusma. Chusma, solo chusma. Frente a la guerra, al peligro de la derrota, aliados y enemigos son papeles intercambiables. Más que individuos, son elementos en los que probar la propia fuerza y objetivarla. Solo después se crearán alrededor de las partes los aliados y los enemigos. Pero antes es preciso empezar a disparar.
jueves 13 de noviembre de 2008
División fundamental
Un temperamento tranquilo y jovial, nacido de una salud perfecta y de una feliz organización; una razón lúcida, viva, penetrante y exacta; una voluntad moderada y dulce; y como resultado, una buena conciencia, son ventajas que ninguna categoría, ninguna riqueza puede reemplazar. Lo que un hombre es en sí mismo, lo que le acompaña en la soledad y lo que nadie puede darle ni quitarle, es indudablemente más esencial para él que todo lo que puede poseer o lo que puede ser a los ojos de los demás. Un hombre de talento, en la soledad más absoluta, encuentra en sus pensamientos y en su propia imaginación con qué divertirse agradablemente, mientras el ser limitado, por más que varíe de fiestas, de espectáculos, de paseos y de diversiones, no llegará a sofocar el tedio que le atormenta. Un carácter bueno, moderado y dulce, podrá estar contento en la indigencia, mientras que todas las riquezas no pueden satisfacer a un carácter ávido, envidioso y perverso. En cuanto al hombre dotado con permanencia de una individualidad extraordinaria, espiritualmente superior, ésta puede prescindir de la mayoría de los goces a que el hombre aspira generalmente; además, no son para él más que un trastorno y un peso. Horacio dice de sí mismo:
-Gemmas, marmor,e bur, thyrhena, sigilla, tabellas, argentum, vestes Gaetulo murice tinctas, sunt qui habeant, est qui non curat habere (hay quien teiene perlas, mármol, marfil, estatuillas tirrenas, tablilla, plata , ropas teñidas de púrpura getuliana, y hay quien no se cuida de tenerlas)
y Sócrates decía viendo algunos objetos de lujo expuestos para la venta: ¡Cuántas coas hay que yo no necesito!
-Gemmas, marmor,e bur, thyrhena, sigilla, tabellas, argentum, vestes Gaetulo murice tinctas, sunt qui habeant, est qui non curat habere (hay quien teiene perlas, mármol, marfil, estatuillas tirrenas, tablilla, plata , ropas teñidas de púrpura getuliana, y hay quien no se cuida de tenerlas)
y Sócrates decía viendo algunos objetos de lujo expuestos para la venta: ¡Cuántas coas hay que yo no necesito!
lunes 13 de octubre de 2008
Rant, la vida de un asesino
Un niño al que nunca se adiestra con Santa Claus es posible que nunca desarrolle la capacidad de imaginar. Para él, no existe nada salvo lo literal y tangible.
Un niño que se desilusiona de golpe, a quien lo desilusionan sus hermanos y otros niños de su edad, a quien lo ridiculizan por su fe y su imaginación, puede que decida no creer nunca más en nada, ni tangible ni intangible. No volver a confiar ni a asombrarse.
Pero un niño que renuncia voluntariamente a las ilusiones de Santa Claus, el Conejo de Pascua y el Hada de los Dientes, ese niño puede desarrollar el conjunto más importante de habilidades, El niño puede reconocer la fuerza de su propia imaginación y su propia fe. Y asumirá la capacidad para crear su propia realidad. Ese niño se convierte en su propia autoridad. Determina la naturaleza de su mundo. Su propia visión. Y al hacerlo, gracias al poder de su ejemplo, determina la realidad de los dos otros tipos: los que no son capaces de imaginar y lo que no son capaces de confiar.
Un niño que se desilusiona de golpe, a quien lo desilusionan sus hermanos y otros niños de su edad, a quien lo ridiculizan por su fe y su imaginación, puede que decida no creer nunca más en nada, ni tangible ni intangible. No volver a confiar ni a asombrarse.
Pero un niño que renuncia voluntariamente a las ilusiones de Santa Claus, el Conejo de Pascua y el Hada de los Dientes, ese niño puede desarrollar el conjunto más importante de habilidades, El niño puede reconocer la fuerza de su propia imaginación y su propia fe. Y asumirá la capacidad para crear su propia realidad. Ese niño se convierte en su propia autoridad. Determina la naturaleza de su mundo. Su propia visión. Y al hacerlo, gracias al poder de su ejemplo, determina la realidad de los dos otros tipos: los que no son capaces de imaginar y lo que no son capaces de confiar.
viernes 19 de septiembre de 2008
El silencio de Goethe
La historia: Mentiras en putrefacción para abono de cualquier tipo de cultivo. El del patriota es el orgullo mas barato. Y más grosero. Barato, por que no cuesta nada, no requiere ningún mérito ni trabajo, basta con decirse perteneciente a una determinada nación, que casualmente es la más noble y grande del mundo para que el ridículo pigmeo se sienta transformado en poderoso titán. Grosero, por que los seres excepcionales, los genios, se distinguen de la gente vulgar por sus virtudes, mientras que a ella pertenecen ligados por sus vicios y debilidades [...]
[...] El problema de tantos escritores, filósofos o no, es que no tienen nada que decir, y sin embargo escriben. Piensan para escribir, en vez de escribir por que han pensado. [...]
[...] Claro, no he tocado hoy tampoco. Hace por lo menos dos días que no toco la flauta. ¿Qué hora es?... las once y veinte. Demasiado tarde. Hay gente con el oído muy especial. Los mil y un sonido insoportables y sin sentido de la vida cotidiana no les importa, yo creo que ni siquiera los perciben. Pero si llega a sus oídos la música melodiosa que interpreta un vecino a las once e la noche... ah, entonces... la música... [...]
[...] El problema de tantos escritores, filósofos o no, es que no tienen nada que decir, y sin embargo escriben. Piensan para escribir, en vez de escribir por que han pensado. [...]
[...] Claro, no he tocado hoy tampoco. Hace por lo menos dos días que no toco la flauta. ¿Qué hora es?... las once y veinte. Demasiado tarde. Hay gente con el oído muy especial. Los mil y un sonido insoportables y sin sentido de la vida cotidiana no les importa, yo creo que ni siquiera los perciben. Pero si llega a sus oídos la música melodiosa que interpreta un vecino a las once e la noche... ah, entonces... la música... [...]
El mundo como voluntad y representación
La mirada del hombre en quien palpita y se desarrolla el genio es intensa y firme a la vez y le distingue con el sello de la contemplación, como puede observarse en los retratos de los pocos hombres de genio que la naturaleza ha producido entre tantos millones de seres insignificantes.
jueves 14 de agosto de 2008
Las Islas extraordinarias
Las consecuencias políticas saltan a la vista. Hay gente que ha nacido para mandar. Muy poca. Y gente destinada a obedecer, los más. En el seno de estos últimos es donde se engendran las rebeldías, pero un Estado inteligente lo previene disimulando la explotación. Es lo que se ha dado en llamar justicia social, que consiste en que el trabajador contento de cómo está, se olvide de dónde está. Los trabajadores sienten siempre las mismas apetencias: Pues hay que satisfacérselas. Antes aspiraban a una bicicleta; ahora, a un coche. Pues que lo tengan y se diviertan con él. Mantenerlos en un nivel de vida confortable no sólo contribuye a su contento, sino a su productividad: Es económico aumentar su capacidad adquisitiva, que nos garantiza el consumo de los excedentes industriales. ¿Habrá algo más tranquilizador que verlos los domingos, con sus familias, invadir los lugares de recreo?
jueves 31 de julio de 2008
La infidelidad sin fe
Cambiar de televisor, de automóvil, de casa, de aspecto, hace tiempo que se da por descontado. Lo más acuciante desde finales de los años ochenta ha sido la extendida neurosis por cambiar de vida. Ciertamente, la cultura de consumo no sólo ha introducico el desplazamiento, la fragmentación, la gripe aviar, y el fashion victim sino tambien la multiplicación de las decisiones relacionadas con la vida y la muerte. El psiquiatra Serge Hefez declaraba que "muchos de nuestros contemporáneos se hallan obsesionados por la obligación de cambiar y se sienten aterrorizados ante la idea de que, no siendo así, su vida carecerá de sentido... De hecho, como a menudo no es tan fácil cambiar de trabajo, de ciudad, o de país, se empieza generalmente por cambiar de pareja. En la treintena muchos jóvenes se sienten intensamente involucrados en su trabajo, viven la estela de su relación amorosa y acaban de tener un niño. ¿por qué dicen querer separarse? No por que su pareja se encuentre en crisis ni por que se amen menos... sino por que se sienten que sería intolerable una vida sin cambios, sin otras historias de amor, sin otras experiencias..." (Le Monde, 6 de abril de 2005). Los anhelos de una estabilidad duradera se sustituyen por aventuras, mas o menos controladas. Al orden de la lealtad, en casi todos los campos, sucede el desorden de la infidelidad. En casi todos los ámbitos.
martes 22 de julio de 2008
La edad del hielo
Por todo el país, las familias que habían oído las noticias se miraban entre sí y decían "dios mio", o "Cual será la próxima", "Me rindo", o"Bueno, a tomar por culo"; antes de embarcarse en una velada viendo la televisión en color, o en una buena comida caliente, o en una excursión al pub, o en una velada en la sociedad coral. Por todo el país los ciudadanos se echaban la culpa unos a otros por todo lo que iba mal: los sindicatos, el gobierno, los mineros, los obreros del sector del automóvil, los hombres de la mar, los árabes, los irlandeses, sus propios maridos, sus propias esposas, su propio y perezoso vástago que no servia para nada, la educación integrada. Nadie sabia de quién era realmente la culpa, pero casi todo el mundo se las arreglaba para quejarse enérgica y justamente de alguien; sólo unos pocos estaban sumidos en un honorable silencio. Aquellos que durante veinte años se habían quejado del insignificante aumento del coste de la vida, naturalmente, no tenían la elegancia de desear haberse ahorrado el aliento para enfriar sus gachas, porque aquel que se queja una vez se queja siempre, así que los que más se habían quejado cuando no había nada de que quejarse disfrutaban ahora de lo lindo.
domingo 13 de julio de 2008
El Extranjero
No había sido feliz con su mujer, pero, en conjunto, se había acostumbrado a ella.
Cuando murió se había sentido muy solo. Entonces había pedido un perro a un camarada del taller y había recibido aquél, apenas recién nacido. Había tenido que alimentarlo con mamadera. Pero como un pero vive menos que un hombre, habían concluido por ser viejos al mismo tiempo. "Tenía mal carácter", me dijo Salamano. "De vez en cuando nos tomábamos del pico. Pero a pesar de todo era un buen perro". Dije que era de buena raza y Salamano se mostró satisfecho. " Y eso", agrego, "que usted no lo conoció antes de la enfermedad. El pelo era lo mejor que tenía". Todas las tardes y todas las mañanas, desde que el perro tuvo aquella enfermedad de la piel, Salamano le ponía una pomada. Pero según él su verdadera enfermedad era la vejez, y la vejez no se cura.
Cuando murió se había sentido muy solo. Entonces había pedido un perro a un camarada del taller y había recibido aquél, apenas recién nacido. Había tenido que alimentarlo con mamadera. Pero como un pero vive menos que un hombre, habían concluido por ser viejos al mismo tiempo. "Tenía mal carácter", me dijo Salamano. "De vez en cuando nos tomábamos del pico. Pero a pesar de todo era un buen perro". Dije que era de buena raza y Salamano se mostró satisfecho. " Y eso", agrego, "que usted no lo conoció antes de la enfermedad. El pelo era lo mejor que tenía". Todas las tardes y todas las mañanas, desde que el perro tuvo aquella enfermedad de la piel, Salamano le ponía una pomada. Pero según él su verdadera enfermedad era la vejez, y la vejez no se cura.
martes 8 de julio de 2008
La ideología de la piel, la piel del mundo
Hace cincuenta años, la política lo era todo. Hoy es un residuo. Michael Serres ha contado de su experiencia como profesor en la Sorbona que cincuenta años atrás, cuando deseaba interesar a sus alumnos, les hablaba de política, y cuando quería hacerles reír, les hablaba de religión. Ahora, sin embargo, hace justamente lo contrario[...]
La religión no es desde luego lo que fue, pero la política mucho menos. Mientras las instituciones religiosas han seguido cumpliendo con su función intemporal y obtienen así la condonación de sus locuras, las instituciones de la política, con el paso del tiempo han envejecido muy mal. La religión puede permitirse siempre, de acuerdo con su pretendida trascendencia, desafiar la cultura de la época, pero la política que no se corresponda con la cultura vigente se perjudica ante los ojos del público y termina apareciendo como ocurre ahora, a la manera de un edificio desvalijado, vacío de mobiliario, asiéndose perversamente a la supervivencia de un antiguo significado que ya no significa.
Los políticos hablan sin decir nada, prometen sin creer en sus palabras, corrigen sus trayectorias sin cesar, firman alianzas disparatadas o despilfarran los recursos sólo con la finalidad de conservar el poder. El elector contempla a sus representantes con escepticismo incluso antes de la votación y si acude, aunque cada vez menos, lo hace atendiendo a un histórico mandato moral que, por otra parte, nada tiene que ver con la actualidad de las circunstancias. Vota, efectivamente, obedeciendo a una voz abstracta, casi religiosa, que asocia la votación con la mitología democrática y la urna con el sagrario.
Pero la política, en efecto, tiene muy poco de sagrado. La adoración a la democracia, que inauguró la modernidad, nacía en coherencia con el respeto a un sistema que liberaba de las tiranías del poder absoluto supuestamente recibido de Dios, para instaurar el gozo de la soberanía popular inmediatamente aureolada de fiesta humana. O, en suma, la democracia ha traspasado el tiempo como una herencia de razón y humanidad proveniente de una revolución destinada a establecer sobre la tierra la libertad, la igualdad y la fraternidad como el trébede sobre el que se cocinaría la felicidad de los siguientes seres humanos.
Lo que la religión había prometido lograr mediante la fe y el paso de la muerte, lo mejoraba la democracia planeando el Paraíso aquí y gracias ala voluntad humana cada vez más asistida por los avances del conocimiento. Los representantes políticos serían los conductores de esa tarea y la confianza que recibían del pueblo, para hacer o deshacer, se correspondería con su responsabilidad extraordinaria. No todos los mejores hombres de la sociedad se involucraban en la política pero, sin duda, la democracia política contó durante un par de siglos con personalidades y líderes insignes. Élites cultas e ilustradas, provistas de proyectos. Pero este mundo también ha terminado.
El tiempo ha pasado, el sistema ha evolucionado en beneficio de lo económico, y los políticos que presiden las democracias, europeas o no, tienen cada vez menos que decir, menos que presentar y, sobre todo, nada que representar. La gente podría representarse a sí misma a través de las nuevas tecnologías de comunicación y no delegar la gestión de sus condiciones de vida a figuras que ya no respeta.
La religión no es desde luego lo que fue, pero la política mucho menos. Mientras las instituciones religiosas han seguido cumpliendo con su función intemporal y obtienen así la condonación de sus locuras, las instituciones de la política, con el paso del tiempo han envejecido muy mal. La religión puede permitirse siempre, de acuerdo con su pretendida trascendencia, desafiar la cultura de la época, pero la política que no se corresponda con la cultura vigente se perjudica ante los ojos del público y termina apareciendo como ocurre ahora, a la manera de un edificio desvalijado, vacío de mobiliario, asiéndose perversamente a la supervivencia de un antiguo significado que ya no significa.
Los políticos hablan sin decir nada, prometen sin creer en sus palabras, corrigen sus trayectorias sin cesar, firman alianzas disparatadas o despilfarran los recursos sólo con la finalidad de conservar el poder. El elector contempla a sus representantes con escepticismo incluso antes de la votación y si acude, aunque cada vez menos, lo hace atendiendo a un histórico mandato moral que, por otra parte, nada tiene que ver con la actualidad de las circunstancias. Vota, efectivamente, obedeciendo a una voz abstracta, casi religiosa, que asocia la votación con la mitología democrática y la urna con el sagrario.
Pero la política, en efecto, tiene muy poco de sagrado. La adoración a la democracia, que inauguró la modernidad, nacía en coherencia con el respeto a un sistema que liberaba de las tiranías del poder absoluto supuestamente recibido de Dios, para instaurar el gozo de la soberanía popular inmediatamente aureolada de fiesta humana. O, en suma, la democracia ha traspasado el tiempo como una herencia de razón y humanidad proveniente de una revolución destinada a establecer sobre la tierra la libertad, la igualdad y la fraternidad como el trébede sobre el que se cocinaría la felicidad de los siguientes seres humanos.
Lo que la religión había prometido lograr mediante la fe y el paso de la muerte, lo mejoraba la democracia planeando el Paraíso aquí y gracias ala voluntad humana cada vez más asistida por los avances del conocimiento. Los representantes políticos serían los conductores de esa tarea y la confianza que recibían del pueblo, para hacer o deshacer, se correspondería con su responsabilidad extraordinaria. No todos los mejores hombres de la sociedad se involucraban en la política pero, sin duda, la democracia política contó durante un par de siglos con personalidades y líderes insignes. Élites cultas e ilustradas, provistas de proyectos. Pero este mundo también ha terminado.
El tiempo ha pasado, el sistema ha evolucionado en beneficio de lo económico, y los políticos que presiden las democracias, europeas o no, tienen cada vez menos que decir, menos que presentar y, sobre todo, nada que representar. La gente podría representarse a sí misma a través de las nuevas tecnologías de comunicación y no delegar la gestión de sus condiciones de vida a figuras que ya no respeta.
martes 1 de julio de 2008
Aforismos sobre el arte de vivir
Así pues, lo mas esencial para la felicidad de la vida es lo que uno tiene en sí mismo. Pero como esto, por regla general, es tan escaso, la mayoría de aquéllos que ya no tienen que luchar contra la necesidad en el fondo se sienten tan desdichados como los que aún se hallan inmersos en la lucha contra ella. El vacío interior, lo aburrido de sus conciencias, la pobreza de sus espíritus, los empuja a la búsqueda de compañia, la cual, sin embargo, consiguen de otros como ellos pues similis simili gaudet (lo igual a su igual llama) [...]
El hombre rico en ingenio e inteligencia aspirará ante todo a la ausencia de dolor, a vivir sin molestias, a la tranquilidad y al ocio; por consiguiente, llevará una vida callada, modesta y, en lo posible, pacífica y sin conflictos; además, según esto, después de haber conocido un tanto a los llamados seres humanos, acabará por elegir la vida retirada, y si se trata de un espíritu superior, incluso la soledad absoluta. Pues cuanto mas tiene uno en sí mismo, menos necesita del exterior y menos le importan los demás.
El hombre rico en ingenio e inteligencia aspirará ante todo a la ausencia de dolor, a vivir sin molestias, a la tranquilidad y al ocio; por consiguiente, llevará una vida callada, modesta y, en lo posible, pacífica y sin conflictos; además, según esto, después de haber conocido un tanto a los llamados seres humanos, acabará por elegir la vida retirada, y si se trata de un espíritu superior, incluso la soledad absoluta. Pues cuanto mas tiene uno en sí mismo, menos necesita del exterior y menos le importan los demás.
Diván de oriente y occidente
Pueblo, siervos y señores,
proclaman a no dudar,
que la dicha más cumplida
de los hijos de la tierra
es la personalidad
proclaman a no dudar,
que la dicha más cumplida
de los hijos de la tierra
es la personalidad
jueves 26 de junio de 2008
Silogismos de la amargura
Sólo se suicidan los optimistas, los optimistas que ya no logran serlo. Los demás, no teniendo ninguna razón para vivir, ¿por qué la tendrían para morir?
miércoles 25 de junio de 2008
Manuscript Remains
Yo no he escrito para la muchedumbre [...] Entrego mi obra a los individuos pensantes que en el trancurso del tiempo aparecerán como raras excepciones. Ellos sentirán lo mismo que yo, o lo que siente un náufrago en una isla desierta, para quien el rastro de alguien que ha sufrido lo mismo que él consuela más que la presencia de todas esas cacatuas y monos en los árboles.
jueves 19 de junio de 2008
El libro de los abrazos
Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.
En visperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a... -susurró el niño- Decile a alguien, que yo estoy aquí.
En visperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a... -susurró el niño- Decile a alguien, que yo estoy aquí.
miércoles 18 de junio de 2008
Las partículas elementales
Regresó a grandes zancadas, casi a la carrera, subió de un tirón los pisos hasta el apartamento de su vecina. Dio tres timbrazos muy largos. Nadie contestó. Desamparado, volvió a su propio edificio; delante del ascensor se interrogó sobre sí mismo. ¿Era depresivo, y tenía sentido preguntárselo? Desde hacía unos años el barrio estaba lleno de carteles llamando a la vigilancia y la lucha contra el Frente Nacional. La extrema indiferencia que él manifestaba por este asunto, tanto en uno como en otro sentido, era en sí misma un síntoma inquietante. La tradicional lucidez de los depresivos, descrita a menudo como un desinterés radical por las preocupacines humanas, se manifiesta ante todo como una falta de implicación en los asuntos que realmente son poco interesantes. De hecho, es posible imaginar a un depresivo enamorado, pero un depresivo patriota resulta inconcebible.
Ejercicios Negativos
Toda convicción inexpugnable nace de un desajuste mental. Así pues, el hombre con convicciones siempre es un maniaco.
Solo debemos sostener una opinión si no nos queda mas remedio: por necesidad de adaptación, dado que no es fácil pasar de puntillas sobre determinados invariables. [...] La debilidad nerviosa y la complacencia sentimental son el caldo de cultivo en el que anida la insania de una convicción.
El alma, por el mero hecho de existir, está necesariamente enferma [...] La mayor parte de los hombres son pobres dementes aterrorizados por los fantasmas que han alumbrado ellos mismos, incapaces de dominar sus propias fiebres, que son la fuente de todos los absolutos grotescos que pueblan las almas y emborronan de forma incurable la vida en común. Y así acabamos aspirando al ser que no se posterna ante nada, para quien todos los símbolos son disfraces menores de una realidad aun menor, al ser ideal, al ser sin convicciones.
Solo debemos sostener una opinión si no nos queda mas remedio: por necesidad de adaptación, dado que no es fácil pasar de puntillas sobre determinados invariables. [...] La debilidad nerviosa y la complacencia sentimental son el caldo de cultivo en el que anida la insania de una convicción.
El alma, por el mero hecho de existir, está necesariamente enferma [...] La mayor parte de los hombres son pobres dementes aterrorizados por los fantasmas que han alumbrado ellos mismos, incapaces de dominar sus propias fiebres, que son la fuente de todos los absolutos grotescos que pueblan las almas y emborronan de forma incurable la vida en común. Y así acabamos aspirando al ser que no se posterna ante nada, para quien todos los símbolos son disfraces menores de una realidad aun menor, al ser ideal, al ser sin convicciones.
Hamlet
Claudio.- ¿cómo está, mi querido Hamlet?
Hamlet.- Muy bueno, señor; me mantengo del aire como el camaleón, engordo con esperanzas. No podréis vos cebar así a vuestros capones.
Hamlet.- Muy bueno, señor; me mantengo del aire como el camaleón, engordo con esperanzas. No podréis vos cebar así a vuestros capones.
martes 17 de junio de 2008
Pobres
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio ni pueden tenerlo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas que se han olvidado de volar.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuera comida.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio ni pueden tenerlo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas que se han olvidado de volar.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuera comida.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres
Apogeo del parvulario
Nunca más adultos consumieron más golosinas. Tampoco se vio a tantas personas mayores jugando a la pelota, o corriendo, calzándose una gorra y vistiendo de jovencito. La puerilización del pensamiento se corresponde con la boyante industria del infantilismo, presente en el auge cinematográfico de los dibujos animados, en el fútbol con la repetición de peleas de patio, en la política con el recurso a los chivatazos o los acusicas, en la escritura con la enfática celebración de cumpleaños entre novelistas. No faltan tampoco las grandes mentirijillas, los pellizcos de monja, las zancadillas, las ojerizas, los insultos en pareado, las rabias y los payasos.
La vida pública ha perdido su seriedad en provecho del estado de humor y el pensamiento olvida su posible amenidad sustancial en beneficio de las trifulcas de guarnición o superficie. Como consecuencia, el mundo de los periódicos y los telediarios se ha simplificado mucho.
En internacional se trata, diariamente, de anotar la nueva cifra de muertes en Irak y, en nacional, se apunta jornada tras jornada los insultos y jugarretas que un partido nacional tiende al otro en una dialéctica de animación copiada de los escabrosos recursos que caracterizan a Los Morancos, grupo favorito de los adultos simplificados.
El mundo de la Naturaleza, por su parte, reproduce con sus quejas de calentamiento o envenenamientos, con sus ahogos y sequedades en boga, con sus temperaturas altas y extremas diarreas fluviales, la serie de los insufribles dengues de un niño.
La red misma que cubre el planeta a través de la comunicación hablada o escrita, visual o auditiva, se construye como una cuna donde la Humanidad mece sus sentimientos. Por un tiempo, la ciudadanía asumió la guía teórica que sobrevino con la Ilustración pero hoy, fracasados los últimos proyectos utópicos, el horizonte se ha reducido hasta los límites de un patio de colegio.
Ortega asimilaba el placer humano de pensar al disfrute del gorjeo entre los pájaros. Esta clase de entretenimiento, sin embargo, ha perdido tanto público que los más valientes de los pensadores no encuentran sus virtuales trofeos de antaño. Van muriendo los grandes pensadores como el martes lo hizo Baudrillard sin que su definitiva ausencia importe nada. Mueren, por primera vez los intelectuales de peso coincidiendo con el ocaso de la intelectualidad y desaparecen los grandes maestros a la vez que el magisterio se acaba.
La información digital es ya tres millones de veces superior a la que procede de los libros y unas dos terceras partes de ella nacen no de profesionales sino de amateurs, no de profesores sino del público mismo en una suerte de participación espontánea a la manera de Barrio Sésamo.
Ser como un niño fue tan imposible en el pasado que Jesucristo lo establecía como un deber para alcanzar nada menos que el cielo. Hoy, sin embargo, cuando el niño ha adquirido una categoría casi tan alta como la de los osos, la democracia cultural nos facilita la mayoría de los instrumentos precisos para la infantilización plena. Películas burdas, polígrafos en los programas del corazón, porno de todos los colores, numerosas tiendas de chocolates, incontables videojuegos para adultos, repostería farmacológica con o sin azúcar, transmisiones deportivas sin cesar, nuevos juegos de mesa, simulacros bélicos, desembarcos ficticios en las playas, paintballs...
Quien no se hace niño deberá asumir su culpable marginación y su grave desajuste con los tiempos. La producción eligió hace años su target a través del modelo Harry Potter y El Señor de los Anillos. Los piratas del Caribe o los códigos Da Vinci junto a su cosmos audiovisual o escrito, histórico en ciencia ficción, son derivas del mismo patrón reinante. Que los políticos se escupan y tiren de los pelos, que los deportistas se linchen, que se definan países malos y buenos, que el arte adore la fase anal y la arquitectura el máximo garabato son fenómenos de la misma cepa. El cepo coincide con el orden del parvulario y la indolente espera de un mundo mejor.
La vida pública ha perdido su seriedad en provecho del estado de humor y el pensamiento olvida su posible amenidad sustancial en beneficio de las trifulcas de guarnición o superficie. Como consecuencia, el mundo de los periódicos y los telediarios se ha simplificado mucho.
En internacional se trata, diariamente, de anotar la nueva cifra de muertes en Irak y, en nacional, se apunta jornada tras jornada los insultos y jugarretas que un partido nacional tiende al otro en una dialéctica de animación copiada de los escabrosos recursos que caracterizan a Los Morancos, grupo favorito de los adultos simplificados.
El mundo de la Naturaleza, por su parte, reproduce con sus quejas de calentamiento o envenenamientos, con sus ahogos y sequedades en boga, con sus temperaturas altas y extremas diarreas fluviales, la serie de los insufribles dengues de un niño.
La red misma que cubre el planeta a través de la comunicación hablada o escrita, visual o auditiva, se construye como una cuna donde la Humanidad mece sus sentimientos. Por un tiempo, la ciudadanía asumió la guía teórica que sobrevino con la Ilustración pero hoy, fracasados los últimos proyectos utópicos, el horizonte se ha reducido hasta los límites de un patio de colegio.
Ortega asimilaba el placer humano de pensar al disfrute del gorjeo entre los pájaros. Esta clase de entretenimiento, sin embargo, ha perdido tanto público que los más valientes de los pensadores no encuentran sus virtuales trofeos de antaño. Van muriendo los grandes pensadores como el martes lo hizo Baudrillard sin que su definitiva ausencia importe nada. Mueren, por primera vez los intelectuales de peso coincidiendo con el ocaso de la intelectualidad y desaparecen los grandes maestros a la vez que el magisterio se acaba.
La información digital es ya tres millones de veces superior a la que procede de los libros y unas dos terceras partes de ella nacen no de profesionales sino de amateurs, no de profesores sino del público mismo en una suerte de participación espontánea a la manera de Barrio Sésamo.
Ser como un niño fue tan imposible en el pasado que Jesucristo lo establecía como un deber para alcanzar nada menos que el cielo. Hoy, sin embargo, cuando el niño ha adquirido una categoría casi tan alta como la de los osos, la democracia cultural nos facilita la mayoría de los instrumentos precisos para la infantilización plena. Películas burdas, polígrafos en los programas del corazón, porno de todos los colores, numerosas tiendas de chocolates, incontables videojuegos para adultos, repostería farmacológica con o sin azúcar, transmisiones deportivas sin cesar, nuevos juegos de mesa, simulacros bélicos, desembarcos ficticios en las playas, paintballs...
Quien no se hace niño deberá asumir su culpable marginación y su grave desajuste con los tiempos. La producción eligió hace años su target a través del modelo Harry Potter y El Señor de los Anillos. Los piratas del Caribe o los códigos Da Vinci junto a su cosmos audiovisual o escrito, histórico en ciencia ficción, son derivas del mismo patrón reinante. Que los políticos se escupan y tiren de los pelos, que los deportistas se linchen, que se definan países malos y buenos, que el arte adore la fase anal y la arquitectura el máximo garabato son fenómenos de la misma cepa. El cepo coincide con el orden del parvulario y la indolente espera de un mundo mejor.
El beso de Judas
A lo largo de la década de los 80 nos han convulsionado nuevas actitudes y formas de pensamiento. En las artes visuales se ha acentuado la problematización de lo real en una dinámica que nos arrastra efectivamente a una profunda crisis de la verdad. Puede ser, como sostiene Jeffrey Deitch, que "el fin de la modernidad sea tambien el fin de la verdad". Lo que ocurre en la práctica es que la verdad se ha vuelto una categoría escasamente operativa; de alguna manera, no podemos sino mentir. El viejo debate entre lo verdadero y lo falso ha sido sustituido por otro entre "mentir bien" y "mentir mal".
Toda fotografia es una ficción que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografia mientre siempre, miente por instinto, miente por que su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable. Lo importante, en suma, es el conjunto ejercido por el fotógrafo para imponer una diercción ética a su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad.
Toda fotografia es una ficción que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografia mientre siempre, miente por instinto, miente por que su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable. Lo importante, en suma, es el conjunto ejercido por el fotógrafo para imponer una diercción ética a su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad.
los girasoles ciegos
El niño está enfermo. Casi no se mueve. He matado la vaca y le estoy dando su sangre. Pero apenas logra tragar algo. He hervido trozos de carne y huesos hasta hacer un caldo espeso y oscuro. Se lo estoy dando disuelto en agua de nieve. todo huele, otra vez, a muerte.
Está muy caliente, ahora escribo con él en mi regazo y duerme. ¡Cuánto le quiero! Le he cantado una canción triste de Federico
Llanto de una calavera
que espera un beso de oro
(Fuera viento sombrio
y estrellas turbias)
Ya no recuerdo los poemas que recitaba a los soldados. Con el hambre lo primero que muere es la memoria. No logro escribir un solo verso y , sin embargo, en mi cabeza resuenan mil nanas para mi hijo. Todas tienen la misma letra. Elena.
Hoy le he besado. Por primera vez le he besado. Se me habian olvidado mis labios de no usarlos. ¿qué habrá sentido él ante el primer contacto con el frío? Es terrible, pero debe de tener ya tres o cuatro mes y nadie le había besado hasta hoy. Él y yo sabemos qué largo es el tiempo sin un beso y ahora, probablemente, no nos quede suficiente para resacirnos. El miedo, el frio, el hambre, la rabia y la soledad desalojan la ternura. Sólo regresa como un cuervo cuando olisquea el amor y la muerte. Y ahora ha regresado confundida. Olfatea ambas cosas. ¿Hay ternuras blancas y ternuras negras? Elena ¿de qué color era tu ternura? Ya no lo recuerdo, ni siquiera sé si lo que siento es pena.
Está muy caliente, ahora escribo con él en mi regazo y duerme. ¡Cuánto le quiero! Le he cantado una canción triste de Federico
Llanto de una calavera
que espera un beso de oro
(Fuera viento sombrio
y estrellas turbias)
Ya no recuerdo los poemas que recitaba a los soldados. Con el hambre lo primero que muere es la memoria. No logro escribir un solo verso y , sin embargo, en mi cabeza resuenan mil nanas para mi hijo. Todas tienen la misma letra. Elena.
Hoy le he besado. Por primera vez le he besado. Se me habian olvidado mis labios de no usarlos. ¿qué habrá sentido él ante el primer contacto con el frío? Es terrible, pero debe de tener ya tres o cuatro mes y nadie le había besado hasta hoy. Él y yo sabemos qué largo es el tiempo sin un beso y ahora, probablemente, no nos quede suficiente para resacirnos. El miedo, el frio, el hambre, la rabia y la soledad desalojan la ternura. Sólo regresa como un cuervo cuando olisquea el amor y la muerte. Y ahora ha regresado confundida. Olfatea ambas cosas. ¿Hay ternuras blancas y ternuras negras? Elena ¿de qué color era tu ternura? Ya no lo recuerdo, ni siquiera sé si lo que siento es pena.
Con ánimo de ofender
Oye, chaval. Me dice tu hermana que estás cada vez más para allá, y que has perdido el curso, cacho cabrón. Y que encima te estás metiendo de todo. Y digo todo, colega. Alcohol y pastillas, y pastillas y alcohol, y dos paquetes diarios de tabaco a tus diecinueve tacos. Y que has dejado a tu novia, o en realidad es ella la que te ha dejado porque no te aguanta. Y que vuelves a las tantas saltándote semáforos en rojo con una castaña que te cagas, y que las broncas con tu viejo son de órdago, y que pasas de todo. Que pasas de verdad, con ojos de estar allí lejos sin la menor intención de darte de nuevo una vuelta por aquí en el resto de tu puta vida. Suponiendo, dice tu hermana, que te quede mucha puta vida por delante.
Dice que te diga algo, que me lees los domingos y me haces caso. No sé en qué carajo podrías hacerme caso tú a mí; pero si lo dice ella, que es la Bambi de la familia, sus motivos tendrá. En fin. Que te diga algo, escribe la pava, como si yo fuera la virgen de Lourdes. Y no sé qué decirte, la verdad. De finales felices me creo lo justo. Y la última varita mágica que vi la tenía clavada en el coño un hada a la que violaron en Sarajevo. No sé sí me explico.
Pero en fin. Me sentiría raro si hoy no te dedicara esta página. No por ti, que no te conozco, sino por la Bambi. Se quedaría decepcionada y a lo mejor ya no se leía más novelas mías, ni soñaba con ligarse al padre Quart o a Lucas Corso. Así que mira, voy a decirte algo. Voy a decirte que acabo de apuntar que no te conozco, pero es mentira. No es difícil conocerte si uno mira alrededor y se fija en el país en el que vives, y la tele que ves, y los perros que planifican tu vida y tu futuro, y los políticos a los que votan tu padre y tu madre. No es difícil si uno piensa en esa empresa donde estuviste trabajando este verano, y en el trabajo donde explotan a tu ex novia, y en la desesperación de tus amigos. No es difícil y me hago cargo, te lo juro. Esto es una mierda, y la palabra futuro es como para colgársela de los huevos. ¿Ves como en realidad sí te conozco?
Hay, sin embargo, algo que puedo decirte. Estás aquí, en el mundo que te ha tocado. Sería estupendo que hubiera revoluciones por hacer y sueños por alcanzar, cosas que te pusieran caliente y con ganas de echarte a la calle. Pero sabes, o lo intuyes, que todas las revoluciones se hicieron, y una vez hechas se las apropiaron los de siempre. Que los buenos se quedan afuera, bajo la lluvia, y que esta película la ganan siempre los malos. Sé todo eso porque lo he visto, tío. Lo he visto en todas las lenguas y colores. Lo he visto allí y lo veo aquí. Y sé que las grandes aventuras colectivas, la solidaridad, los mecheritos, yupi, yupi, todo eso se fue a tomar por saco hace mucho tiempo.
Pero quedan cosas, te doy mi palabra. Cuando ya no son posibles los héroes solidarios, llega la vez de los héroes solitarios. A lo mejor, ahora que han muerto los dioses y los héroes con mayúscula, la salvación está en el heroísmo con minúscula. En el peón de ajedrez olvidado en un rincón del tablero que mira alrededor y ve al rey corrupto, a la reina hecha una zorra, al caballo de cartón y a la torre inmóvil, haciendo dinero. Pero el peón está allí de pie, en su frágil casilla. Y esa casilla se convierte de pronto en una razón para luchar, en una trinchera para resistir y abrigarse del frío que hace afuera. Esta es mi casilla, aquí estoy, aquí lucho. Aquí muero. Las armas dependen de cada uno: amigos fieles, una mujer a la que amas, un sueño personal, una causa, un libro... Cómo reconforta, colega, mirar a un lado y ver en otra casilla a otro peón tan solo y asqueado como tú, pero que se mantiene erguido y, tal vez, tiene un libro en las manos. Hay aventuras maravillosas, vidas riquísimas, sueños increíbles que empezaron de la forma más tonta, con sólo pasar la primera página de un libro.
Ya sé que no es gran cosa, colega. No soluciona nada, y lo único que te permite es comprender. Pero eso no está nada mal. Me refiero a comprender que nacemos, vivimos y morimos en un mundo absurdo, que a lo más que podemos aspirar es a asumirlo mirándolo de frente, con el orgullo de quien se sabe peleando solo, hasta el final, solidario con aquellos otros peones que, como tú, libran su pequeña y pobre batalla en casillas olvidadas. Y al final descubres que no es tan grave. Los hombres vagan perdidos hace miles de años, y siempre fue la misma historia. Lo único que los diferencia es cómo viven y cómo mueren.
Dice que te diga algo, que me lees los domingos y me haces caso. No sé en qué carajo podrías hacerme caso tú a mí; pero si lo dice ella, que es la Bambi de la familia, sus motivos tendrá. En fin. Que te diga algo, escribe la pava, como si yo fuera la virgen de Lourdes. Y no sé qué decirte, la verdad. De finales felices me creo lo justo. Y la última varita mágica que vi la tenía clavada en el coño un hada a la que violaron en Sarajevo. No sé sí me explico.
Pero en fin. Me sentiría raro si hoy no te dedicara esta página. No por ti, que no te conozco, sino por la Bambi. Se quedaría decepcionada y a lo mejor ya no se leía más novelas mías, ni soñaba con ligarse al padre Quart o a Lucas Corso. Así que mira, voy a decirte algo. Voy a decirte que acabo de apuntar que no te conozco, pero es mentira. No es difícil conocerte si uno mira alrededor y se fija en el país en el que vives, y la tele que ves, y los perros que planifican tu vida y tu futuro, y los políticos a los que votan tu padre y tu madre. No es difícil si uno piensa en esa empresa donde estuviste trabajando este verano, y en el trabajo donde explotan a tu ex novia, y en la desesperación de tus amigos. No es difícil y me hago cargo, te lo juro. Esto es una mierda, y la palabra futuro es como para colgársela de los huevos. ¿Ves como en realidad sí te conozco?
Hay, sin embargo, algo que puedo decirte. Estás aquí, en el mundo que te ha tocado. Sería estupendo que hubiera revoluciones por hacer y sueños por alcanzar, cosas que te pusieran caliente y con ganas de echarte a la calle. Pero sabes, o lo intuyes, que todas las revoluciones se hicieron, y una vez hechas se las apropiaron los de siempre. Que los buenos se quedan afuera, bajo la lluvia, y que esta película la ganan siempre los malos. Sé todo eso porque lo he visto, tío. Lo he visto en todas las lenguas y colores. Lo he visto allí y lo veo aquí. Y sé que las grandes aventuras colectivas, la solidaridad, los mecheritos, yupi, yupi, todo eso se fue a tomar por saco hace mucho tiempo.
Pero quedan cosas, te doy mi palabra. Cuando ya no son posibles los héroes solidarios, llega la vez de los héroes solitarios. A lo mejor, ahora que han muerto los dioses y los héroes con mayúscula, la salvación está en el heroísmo con minúscula. En el peón de ajedrez olvidado en un rincón del tablero que mira alrededor y ve al rey corrupto, a la reina hecha una zorra, al caballo de cartón y a la torre inmóvil, haciendo dinero. Pero el peón está allí de pie, en su frágil casilla. Y esa casilla se convierte de pronto en una razón para luchar, en una trinchera para resistir y abrigarse del frío que hace afuera. Esta es mi casilla, aquí estoy, aquí lucho. Aquí muero. Las armas dependen de cada uno: amigos fieles, una mujer a la que amas, un sueño personal, una causa, un libro... Cómo reconforta, colega, mirar a un lado y ver en otra casilla a otro peón tan solo y asqueado como tú, pero que se mantiene erguido y, tal vez, tiene un libro en las manos. Hay aventuras maravillosas, vidas riquísimas, sueños increíbles que empezaron de la forma más tonta, con sólo pasar la primera página de un libro.
Ya sé que no es gran cosa, colega. No soluciona nada, y lo único que te permite es comprender. Pero eso no está nada mal. Me refiero a comprender que nacemos, vivimos y morimos en un mundo absurdo, que a lo más que podemos aspirar es a asumirlo mirándolo de frente, con el orgullo de quien se sabe peleando solo, hasta el final, solidario con aquellos otros peones que, como tú, libran su pequeña y pobre batalla en casillas olvidadas. Y al final descubres que no es tan grave. Los hombres vagan perdidos hace miles de años, y siempre fue la misma historia. Lo único que los diferencia es cómo viven y cómo mueren.
Silogismos de la amargura
Solo soy yo si me hallo por encima o por debajo de mí mismo, en la rabia o el abatimiento; a mi nivel habitual, ignoro que existo.
Espejos
En las ciudades de nuestro tiempo, inmensas cárceles que encierran a los prisioneros del miedo, las fortalezas dicen ser casas y las armaduras simulan ser trajes.
Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confie. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza, secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: Cuidado. Los peligros acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
Los pobres, los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponibles, los brazos desechables.
El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesanm cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?
Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confie. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza, secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: Cuidado. Los peligros acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
Los pobres, los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponibles, los brazos desechables.
El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesanm cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?
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