martes, 17 de junio de 2008

El beso de Judas

A lo largo de la década de los 80 nos han convulsionado nuevas actitudes y formas de pensamiento. En las artes visuales se ha acentuado la problematización de lo real en una dinámica que nos arrastra efectivamente a una profunda crisis de la verdad. Puede ser, como sostiene Jeffrey Deitch, que "el fin de la modernidad sea tambien el fin de la verdad". Lo que ocurre en la práctica es que la verdad se ha vuelto una categoría escasamente operativa; de alguna manera, no podemos sino mentir. El viejo debate entre lo verdadero y lo falso ha sido sustituido por otro entre "mentir bien" y "mentir mal".
Toda fotografia es una ficción que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografia mientre siempre, miente por instinto, miente por que su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable. Lo importante, en suma, es el conjunto ejercido por el fotógrafo para imponer una diercción ética a su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad.

No hay comentarios:

 
Clicky Web Analytics