jueves, 14 de agosto de 2008

Las Islas extraordinarias

Las consecuencias políticas saltan a la vista. Hay gente que ha nacido para mandar. Muy poca. Y gente destinada a obedecer, los más. En el seno de estos últimos es donde se engendran las rebeldías, pero un Estado inteligente lo previene disimulando la explotación. Es lo que se ha dado en llamar justicia social, que consiste en que el trabajador contento de cómo está, se olvide de dónde está. Los trabajadores sienten siempre las mismas apetencias: Pues hay que satisfacérselas. Antes aspiraban a una bicicleta; ahora, a un coche. Pues que lo tengan y se diviertan con él. Mantenerlos en un nivel de vida confortable no sólo contribuye a su contento, sino a su productividad: Es económico aumentar su capacidad adquisitiva, que nos garantiza el consumo de los excedentes industriales. ¿Habrá algo más tranquilizador que verlos los domingos, con sus familias, invadir los lugares de recreo?

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