lunes, 13 de octubre de 2008

Rant, la vida de un asesino

Un niño al que nunca se adiestra con Santa Claus es posible que nunca desarrolle la capacidad de imaginar. Para él, no existe nada salvo lo literal y tangible.
Un niño que se desilusiona de golpe, a quien lo desilusionan sus hermanos y otros niños de su edad, a quien lo ridiculizan por su fe y su imaginación, puede que decida no creer nunca más en nada, ni tangible ni intangible. No volver a confiar ni a asombrarse.
Pero un niño que renuncia voluntariamente a las ilusiones de Santa Claus, el Conejo de Pascua y el Hada de los Dientes, ese niño puede desarrollar el conjunto más importante de habilidades, El niño puede reconocer la fuerza de su propia imaginación y su propia fe. Y asumirá la capacidad para crear su propia realidad. Ese niño se convierte en su propia autoridad. Determina la naturaleza de su mundo. Su propia visión. Y al hacerlo, gracias al poder de su ejemplo, determina la realidad de los dos otros tipos: los que no son capaces de imaginar y lo que no son capaces de confiar.

2 comentarios:

Rose Kavalah dijo...

No se si asustarme, en parte por el título, y pensar que ese niño se va a convertir en un auténtico psicopata; o ponerme tierno y ecariñarme con él y con su valiente manera de ver el mundo.

En cualquiera de los dos casos, un verdadero placer leerlo

Daniel dijo...

Muuuuy buen escrito!.
Me gustó este blog.
Saludos y a por una nueva publicación.

 
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