jueves, 22 de enero de 2009

Un Maestro de Alemania

La "voluntad de poder", que Nietzsche había atribuido al "espíritu libre", no triunfa en la cumbre de la montaña del "superhombre", sino en el ajetreo de una civilización, con laboriosidad de hormiga, que pone un "sello ciéntifico" en su razón práctica. Eso era aplicable al mundo burqués, pero también al movimiento obrero, cuya solución contundente sonaba así. Saber es poder. La formación había de traer ascenso social y hacer resistente contra los engaños de todo tipo. Al que sabe algo, ya no es fácil hacerle creer nada; lo impresionante en el saber es que ya no hace falta dejarse impresionar. Se promete una conquista de soberanía y se da satisfacción a la necesidad de rebajar las cosas y ceñirlas al formato propio, tan pobre como sea posible.

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