martes, 16 de febrero de 2010

Conversación xx

Un comité internacional elegirá las obras dignas de ser conservadas en la Biblioteca de Acero. Por razones evidentes de espacio y de gastos no podrán ser más que unas pocas docenas. Por mi parte ya he hecho mentalmente un catálogo provisional, y si no le es molesto le haré conocer algunos de los títulos».

Interrumpí al profesor Harry Golding para decirle que no me molestaba, pero que, en lo referente a la elección de los libros, confiaba por completo en su juicio, y añadí

- Soy un pobre ignorante, y mi opinión sobre ese tema, en caso de tener la osadía de elaborar una opinión, no tendría utilidad ninguna.

- ¡De ninguna manera! - exclamó el ictérico hombrecillo. Usted está llamado a cargar con los gastos de esta biblioteca y tiene el derecho de saber acerca de la misma. No le quitaré mucho de su tiempo, puesto que necesariamente la lista es breve.

»El Antiguo y el Nuevo Testamento serán los primeros libros que se grabarán, versículo por versículo, desde el primero hasta el último. En cambio, haremos una antología de los escritos de Confucio, del Avesta y del Corán . El Oriente deberá ser sacrificado, ello me causa remordimiento y dolor, pero no podemos proceder en otra forma: los Vedas , el Ramayana , el Mahabharata , los Upanishad , Calidasa, Laotze, Chuang-Tze, Firdausi, requerirían miles y miles de planchas de acero.

» Pero nos reabasteceremos en Grecia, madre de toda luz v de todo saber. Los dos poemas Homéricos, una traducción de Esquilo y otra de Sófocles, dos o tres diálogos de Platón, los Elementos de Euclides, la Introducción a la Metafísica de Aristóteles, los fragmentos de Heráclito y de Epicuro, esto bastará para dar una pálida idea de lo que fue llamado «el milagro griego». Roma nos dará menos trabajo: solamente la Eneida será grabada toda entera; de Horacio, de Tácito y de Juvenal bastará hacer una sobria crestomatía. En cambio, brindaremos una edición completa de las Confesiones de San Agustín y abundantes selecciones de laSumma de Santo Tomás. Querría grabar íntegramente la Chanson de Roland ,Tristán y la Divina Comedia , así como también los sonetos más hermosos de Petrarca. En cuanto a los modernos, me contentaría con el Elogio de la Locura de Erasmo de Rotterdam y El Príncipe , de Maquiavelo. Tres o cuatro tragedias de Shakespeare harían compañía al Paraíso Perdido de Milton y al Don Quijote de Cervantes. Añadiría con placer una selección de Ariosto y de Rabelais, grabando en cambio el texto íntegro de la obra Nuove Scienze de Galileo y de los Principiade Newton. En lo que respecta a Francia escogería las Máximas del Duque de la Rochefoucauld, los más hermosos de los Pensées de Pascal, alguna novelita de Voltaire - quizás Cándido - y las Fleurs du Mal de Baudelaire. En cuanto a Alemania bastarán el Fausto de Goethe y el Zarathustra de Nietzsche; de la literatura rusa una novela de Dostoievski y otra de Tolstoi. No se deberá olvidar a la ciencia, la que podrá estar dignamente representada por la obra Orígenes de las Especies , de Darwin, por las Lecciones sobre Psicoanálisis , de Freud y por los ensayos fundamentales de Einstein. ¿Qué impresión le causa mi breve catálogo?».

Le respondí que me parecía excelente, y que no sería capaz de aconsejar quitar alguna de las obras ni añadir otras. Mister Harry Golding continuó diciendo:

- Por desgracia quedan todavía amplias lagunas, y me duele de corazón excluir, por ejemplo, a Shelley, a Leopardi, a Hume y a Kant, así como también a Víctor Hugo y a Rimbaud. Pero, como ya le dije anteriormente, el pensamiento de los enormes gastos me ha obligado a tan penosos renunciamientos. Ya mandé hacer un cálculo aproximado: para la Biblioteca de Acero, tal cual la he pensado, bastarán pocos millones de dólares. Usted es fabulosamente rico, según se dice, y es amigo de la cultura y de la humanidad. Reflexione en que será a usted a quien corresponderá el honor y la gloria de salvar, mediante un pequeño sacrificio de billetes, el tesoro más maravilloso de la civilización humana. Tengo plena certeza de que demostrará ser más inteligente y generoso que tantos otros engreídos magnates a los que me he dirigido hasta el presente, y siempre en vano.

Dije al profesor Golding que su idea me parecía genial y grandiosa, pero que precisaba hacer algunas serias reflexiones sobre el tema, antes de poder darle una respuesta. Al oírme, el amarillo hombrecillo respondió con acento amargo

- Así me responden todos, y después no dan más señales de sí. Quiero esperar con toda sinceridad que usted no se ha de comportar como los otros.

Nos despedimos algo fríamente. Y ahora pienso partir esta noche misma para Nueva York y embarcarme mañana para Europa

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