miércoles, 17 de febrero de 2010

Retiro Marino

El invierno de los años 1933 y 1934 fue funesto para mis bronquios y para mis nervios. No sabía a dónde ir y todo me causaba disgusto: los hombres me hastiaban, las ciudades me cansaban, los montes me oprimían. No estimo a los médicos, pero sin embargo, acostumbro a consultarlos porque me divierte llegar a confundirlos. Uno de ellos, menos idiota que los demás, comprendió el juego y me sugirió mar y soledad.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

” Si no me equivoco, mi mujer está convencida de que es una especie de dejadez por parte mí lo que impide hacerme analizar conforme al aspecto piadoso de mi naturaleza (como dice ella); pero esto es falso; es precisamente, por así decirlo, mi piedad lo que me impide aceptar esta intervención, ese querer poner en orden mi interior, esa cosa que no forma parte de mi vida, esas correcciones en tinta roja en la página escrita hasta ahora. Ya lo sé, estoy mal, y usted, querido amigo, ha podido ya comprobarlo; pero créame, estoy tan lleno de esta maravilla incomprensible e inimaginable que es mi existencia, que, desde un principio, parecía imposible y, no obstante, continúa, de naufragio en naufragio, por caminos cuajados de las más duras piedras, que si pienso en la posibilidad de no volver a escribir, me trastorna la idea no haber trazado sobre el papel la línea maravillosa de esa existencia tan extraña.”

14 Enero de 1912, Rilke al Doctor Emil von Gebsattel.

Libros Gratis dijo...

Una de las mejores recomendaciones, el retiro hacia el mar a tener un poco de tranquilidad es de las cosas que más nos revitalizan...

Saludos y enhorabuena por tu blog!
Marcelo Ferrando

 
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