Un niño al que nunca se adiestra con Santa Claus es posible que nunca desarrolle la capacidad de imaginar. Para él, no existe nada salvo lo literal y tangible.
Un niño que se desilusiona de golpe, a quien lo desilusionan sus hermanos y otros niños de su edad, a quien lo ridiculizan por su fe y su imaginación, puede que decida no creer nunca más en nada, ni tangible ni intangible. No volver a confiar ni a asombrarse.
Pero un niño que renuncia voluntariamente a las ilusiones de Santa Claus, el Conejo de Pascua y el Hada de los Dientes, ese niño puede desarrollar el conjunto más importante de habilidades, El niño puede reconocer la fuerza de su propia imaginación y su propia fe. Y asumirá la capacidad para crear su propia realidad. Ese niño se convierte en su propia autoridad. Determina la naturaleza de su mundo. Su propia visión. Y al hacerlo, gracias al poder de su ejemplo, determina la realidad de los dos otros tipos: los que no son capaces de imaginar y lo que no son capaces de confiar.
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2 comentarios:
No se si asustarme, en parte por el título, y pensar que ese niño se va a convertir en un auténtico psicopata; o ponerme tierno y ecariñarme con él y con su valiente manera de ver el mundo.
En cualquiera de los dos casos, un verdadero placer leerlo
Muuuuy buen escrito!.
Me gustó este blog.
Saludos y a por una nueva publicación.
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