miércoles, 12 de octubre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
el grito silencioso
Al despertarme en la oscuridad que precede al amanecer, persigo el sentido ardiente de la esperanza, busco a tientas los restos del sueño amargo que persisten en mi conciencia. El tanteo esperanzado de los inquietos sentimientos sigue buscando, inútilmente, el revivir cierto de la efusión de la ardiente esperanza en lo más recóndito de mi cuerpo, como si fuera la sensación de su existencia que deja el whisky cuando baja quemándote hasta las entrañas. Cierro los dedos que han perdido las fuerzas. Y en todo mi cuerpo siento por separado los pesos de la carne y del hueso, aunque compruebo que esa sensación que me embarga se transforma en un dolor denso que va avanzando por mi conciencia con cierta desgana mientras ésta se dirige hacia la luz. Con resignación, vuevlo a cargar así con un cuerpo pesado que se siente como si no tuviera continuidad, densamente dolorido por doquier. Dormía con los brazos y las piernas retorcidos, en la actitud de quien no desea saber de sí, ni acordarse de su situación.
Al despertarme, siempre busco ansioso el sentimiento de la ardiente esperanza perdida. No es un sentimiento de carencia, sino un anhelo positivo de esperanza ardiente en sí. Al comprender que no me es posible encontrarla, trato de desligarme hacia la pendiente del segundo sueño. ¡Duerme, duerme, el mundo no existe! Sin embargo, esta mañana el veneno es extremadamente fuerte, lacera todo mi cuerpo, corta mi retirada hacia el sueño. El pánico pugna por brotar a borbotones.
Al despertarme, siempre busco ansioso el sentimiento de la ardiente esperanza perdida. No es un sentimiento de carencia, sino un anhelo positivo de esperanza ardiente en sí. Al comprender que no me es posible encontrarla, trato de desligarme hacia la pendiente del segundo sueño. ¡Duerme, duerme, el mundo no existe! Sin embargo, esta mañana el veneno es extremadamente fuerte, lacera todo mi cuerpo, corta mi retirada hacia el sueño. El pánico pugna por brotar a borbotones.
miércoles, 5 de octubre de 2011
bilbao - new york -bilbao
Cualquier cosa puede activar el recuerdo. Los olores, por ejemplo. El olor de un detergente. Cuando visitábamos a nuestro padre en la planta de cuidados intensivos siempre se respiraba el mismo olor, la fragancia de un detergente. Después de pasados unos cuantos años, percibí el mismo olor en los servicios de un restaurante de Bilbao. Entonces, el olor me trajo una frase a la memoria de manera instantánea: «No merece la pena volver a operar.» La había dicho el cirujano. Cuando nos dijo esa dura frase, yo estaba sintiendo el olor de ese detergente.
El 21 de setiembre debían hacerle la prueba a nuestro padre. Llevaba diecinueve días en la unidad de cuidados intensivos. Como lo visitábamos a diario, parecía como si se nos olvidara la gravedad de su estado. Pero veíamos que a los pacientes operados de corazón, tras estar gravísimos, los bajaban a planta al cabo de unos días. Nuestro padre, en cambio, ahí seguía, ni mejor ni peor. Y eso preocupaba al médico.
Mal que no mejora, empeora.
La prueba era muy sencilla: tenía que comer un yogur. Hasta entonces no había probado sólidos. Los médicos le comunicaron que, si comía el yogur y el páncreas respondía bien, lo bajarían a planta al día siguiente. Estaba muy ilusionado.
Al día siguiente, sin embargo, llamaron a casa del hospital. El páncreas había comenzado a sangrar. Había que operarle. A vida o muerte.
Nuestra madre y la tía Margarita se despidieron de él antes de entrar en el quirófano, diciéndole que todo iba a salir bien. Cuando lo pusieron en la camilla cantaron los tres la canción infantil Ama Santa Inés, que se cantaba a los niños para que no tuvieran pesadillas.
Ama Santa Inés,
bart egin dot amets.
Ona bada,
bixon partez.
Txarra bada,
doala bere bidez.
(Madre Santa Inés,
anoche soñé.
Si es un buen sueño,
que sea para los dos.
Si es malo,
que se vaya por su camino.)
Mi padre no volvió a despertar.
Únicamente he soñado con mi padre una vez desde que no está. Fue al poco de morir. Se murió un día de viento sur, el 28 de octubre de 1999, después de un mes en coma.
En el sueño iba al puerto, como de costumbre, a buscarlo. Como hacíamos cada vez que regresaba el Toki-Argia. Pero mientras avanzaba por el muelle en busca del barco, algo me indicaba que ese puerto no era el de siempre, que sucedía algo raro.
Por fin encontraba a mi padre. Me estaba esperando junto al Toki-Argia, nervioso. Al verme se tranquilizaba.
«¿Estáis todos bien?», me preguntaba preocupado. Se le notaba inquieto porque nos había dejado solos.
«Sí, estamos bien», le respondía yo.
Suspiraba. Luego, nos abrazábamos y él subía de nuevo al barco. Era un largo y sentido abrazo.
Ahí acabó el sueño. Desde entonces no he vuelto a soñar con él. Aquel abrazo fue nuestra despedida, el abrazo que nunca nos dimos en vida.
El 21 de setiembre debían hacerle la prueba a nuestro padre. Llevaba diecinueve días en la unidad de cuidados intensivos. Como lo visitábamos a diario, parecía como si se nos olvidara la gravedad de su estado. Pero veíamos que a los pacientes operados de corazón, tras estar gravísimos, los bajaban a planta al cabo de unos días. Nuestro padre, en cambio, ahí seguía, ni mejor ni peor. Y eso preocupaba al médico.
Mal que no mejora, empeora.
La prueba era muy sencilla: tenía que comer un yogur. Hasta entonces no había probado sólidos. Los médicos le comunicaron que, si comía el yogur y el páncreas respondía bien, lo bajarían a planta al día siguiente. Estaba muy ilusionado.
Al día siguiente, sin embargo, llamaron a casa del hospital. El páncreas había comenzado a sangrar. Había que operarle. A vida o muerte.
Nuestra madre y la tía Margarita se despidieron de él antes de entrar en el quirófano, diciéndole que todo iba a salir bien. Cuando lo pusieron en la camilla cantaron los tres la canción infantil Ama Santa Inés, que se cantaba a los niños para que no tuvieran pesadillas.
Ama Santa Inés,
bart egin dot amets.
Ona bada,
bixon partez.
Txarra bada,
doala bere bidez.
(Madre Santa Inés,
anoche soñé.
Si es un buen sueño,
que sea para los dos.
Si es malo,
que se vaya por su camino.)
Mi padre no volvió a despertar.
Únicamente he soñado con mi padre una vez desde que no está. Fue al poco de morir. Se murió un día de viento sur, el 28 de octubre de 1999, después de un mes en coma.
En el sueño iba al puerto, como de costumbre, a buscarlo. Como hacíamos cada vez que regresaba el Toki-Argia. Pero mientras avanzaba por el muelle en busca del barco, algo me indicaba que ese puerto no era el de siempre, que sucedía algo raro.
Por fin encontraba a mi padre. Me estaba esperando junto al Toki-Argia, nervioso. Al verme se tranquilizaba.
«¿Estáis todos bien?», me preguntaba preocupado. Se le notaba inquieto porque nos había dejado solos.
«Sí, estamos bien», le respondía yo.
Suspiraba. Luego, nos abrazábamos y él subía de nuevo al barco. Era un largo y sentido abrazo.
Ahí acabó el sueño. Desde entonces no he vuelto a soñar con él. Aquel abrazo fue nuestra despedida, el abrazo que nunca nos dimos en vida.
domingo, 30 de mayo de 2010
Breviario
El árbol de la vida no conocerá ya primavera, es madera seca, de él, harán ataudes para nuestros huesos, nuestros sueños y nuestros dolores. Y luego. ¿ahora qué?. Ahora. Qué.
viernes, 14 de mayo de 2010
Epicteto
No busques que los acontecimientos sucedan como tú quieres, sino desea que, sucedan como sucedan, tú salgas bien parado. Algo que ya ha sucedido no puede cambiarse; así que es inútil perder tiempo deseando que hubiera sido de otro modo. Es mejor bregar con las circunstancias tal como son (por dolorosas que sean) que hundirse en el pasado. Ir hacia delante es la única posibilidad de mejora.
Recordemos la frase central de los estoicos de que lo único que tiene valor es aquello que nadie puede quitarte.
Recordemos la frase central de los estoicos de que lo único que tiene valor es aquello que nadie puede quitarte.
Detectives
Pero tomen con confianza y sin apuro, muchachos, que si esa botella no llega bajamos a comprar otra. Claro, no iba a ser como la que estábamos bebiendo, pero peor es nada. Ay, qué lástima que ya no hagan mezcal Los Suicidas, qué lástima que pase el tiempo, ¿verdad?, qué lástima que nos muramos y que nos hagamos viejos y que las cosas buenas se vayan alejando de nosotros al galope...
... Ahora que los días se van sucediendo, con frialdad, con la frialdad de los días que se van sucediendo .
... Ahora que los días se van sucediendo, con frialdad, con la frialdad de los días que se van sucediendo .
La vida contemporánea
Indudablemente, cada generación se cree destinada a rehacer el mundo. La mía sabe, sin embargo, que no podrá hacerlo. Pero su tarea es quizás mayor. Consiste en impedir que el mundo se deshaga.
sábado, 13 de marzo de 2010
Es algo que suele suceder con los muertos: lamentar no haberles dicho a tiempo cuánto los amabas, lo necesarios que te eran. Cuando alguien imprescindible se va de tu lado, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales. Ensimismado en su tarea, uno cree, sobre todo si es artista, que los demás le deben acatamiento, se erige en ombligo del mundo y desestima la contribución ajena. Pero, un día adviertes que aquel que te ayudó a ser quien eres se ha ido de tu lado y, entonces, te dueles inútilmente de tu ingratitud. Tal vez las cosas no puedan ser de otra manera, pero resulta difícilmente tolerable. La imposibilidad de poder replantearte el pasado y rectificarlo, es una de las limitaciones más crueles de la condición humana. La vida sería más llevadera si dispusiéramos de una segunda oportunidad
viernes, 12 de marzo de 2010
No ignoro que el recurso de beber para huir es un viejo truco pero ¿conoces tú alguno más eficaz para escapar de ti mismo? Una copa acartona el recuerdo, pero, al propio tiempo, convierte la onerosa gravedad de tu cuerpo en una suerte de porosidad flotante. Algo parecido a la fiebre. Pasado el trance, sobreviene el decaimiento, pero hay un medio para evitarlo: mantener en sangre una dosis de alcohol que te imbuya la impresión de que participas en la vida, de que la vida no pasa sobre el hoyo en que te pudres sin advertir que existes. Esta forma de energía suele identificarse con la alegría, aunque, por supuesto, no es la alegría. A lo sumo, una energía inferior, improductiva; en caso contrario, yo trabajaría. Pero mi ingenio, si alguna vez existió, se ha agotado; ya lo estás viendo: no soy capaz de embadurnar un lienzo, ni siquiera de sostener un pincel en la mano.
miércoles, 17 de febrero de 2010
Retiro Marino
El invierno de los años 1933 y 1934 fue funesto para mis bronquios y para mis nervios. No sabía a dónde ir y todo me causaba disgusto: los hombres me hastiaban, las ciudades me cansaban, los montes me oprimían. No estimo a los médicos, pero sin embargo, acostumbro a consultarlos porque me divierte llegar a confundirlos. Uno de ellos, menos idiota que los demás, comprendió el juego y me sugirió mar y soledad.
martes, 16 de febrero de 2010
Conversación xx
Un comité internacional elegirá las obras dignas de ser conservadas en la Biblioteca de Acero. Por razones evidentes de espacio y de gastos no podrán ser más que unas pocas docenas. Por mi parte ya he hecho mentalmente un catálogo provisional, y si no le es molesto le haré conocer algunos de los títulos».
Interrumpí al profesor Harry Golding para decirle que no me molestaba, pero que, en lo referente a la elección de los libros, confiaba por completo en su juicio, y añadí
- Soy un pobre ignorante, y mi opinión sobre ese tema, en caso de tener la osadía de elaborar una opinión, no tendría utilidad ninguna.
- ¡De ninguna manera! - exclamó el ictérico hombrecillo. Usted está llamado a cargar con los gastos de esta biblioteca y tiene el derecho de saber acerca de la misma. No le quitaré mucho de su tiempo, puesto que necesariamente la lista es breve.
»El Antiguo y el Nuevo Testamento serán los primeros libros que se grabarán, versículo por versículo, desde el primero hasta el último. En cambio, haremos una antología de los escritos de Confucio, del Avesta y del Corán . El Oriente deberá ser sacrificado, ello me causa remordimiento y dolor, pero no podemos proceder en otra forma: los Vedas , el Ramayana , el Mahabharata , los Upanishad , Calidasa, Laotze, Chuang-Tze, Firdausi, requerirían miles y miles de planchas de acero.
» Pero nos reabasteceremos en Grecia, madre de toda luz v de todo saber. Los dos poemas Homéricos, una traducción de Esquilo y otra de Sófocles, dos o tres diálogos de Platón, los Elementos de Euclides, la Introducción a la Metafísica de Aristóteles, los fragmentos de Heráclito y de Epicuro, esto bastará para dar una pálida idea de lo que fue llamado «el milagro griego». Roma nos dará menos trabajo: solamente la Eneida será grabada toda entera; de Horacio, de Tácito y de Juvenal bastará hacer una sobria crestomatía. En cambio, brindaremos una edición completa de las Confesiones de San Agustín y abundantes selecciones de laSumma de Santo Tomás. Querría grabar íntegramente la Chanson de Roland ,Tristán y la Divina Comedia , así como también los sonetos más hermosos de Petrarca. En cuanto a los modernos, me contentaría con el Elogio de la Locura de Erasmo de Rotterdam y El Príncipe , de Maquiavelo. Tres o cuatro tragedias de Shakespeare harían compañía al Paraíso Perdido de Milton y al Don Quijote de Cervantes. Añadiría con placer una selección de Ariosto y de Rabelais, grabando en cambio el texto íntegro de la obra Nuove Scienze de Galileo y de los Principiade Newton. En lo que respecta a Francia escogería las Máximas del Duque de la Rochefoucauld, los más hermosos de los Pensées de Pascal, alguna novelita de Voltaire - quizás Cándido - y las Fleurs du Mal de Baudelaire. En cuanto a Alemania bastarán el Fausto de Goethe y el Zarathustra de Nietzsche; de la literatura rusa una novela de Dostoievski y otra de Tolstoi. No se deberá olvidar a la ciencia, la que podrá estar dignamente representada por la obra Orígenes de las Especies , de Darwin, por las Lecciones sobre Psicoanálisis , de Freud y por los ensayos fundamentales de Einstein. ¿Qué impresión le causa mi breve catálogo?».
Le respondí que me parecía excelente, y que no sería capaz de aconsejar quitar alguna de las obras ni añadir otras. Mister Harry Golding continuó diciendo:
- Por desgracia quedan todavía amplias lagunas, y me duele de corazón excluir, por ejemplo, a Shelley, a Leopardi, a Hume y a Kant, así como también a Víctor Hugo y a Rimbaud. Pero, como ya le dije anteriormente, el pensamiento de los enormes gastos me ha obligado a tan penosos renunciamientos. Ya mandé hacer un cálculo aproximado: para la Biblioteca de Acero, tal cual la he pensado, bastarán pocos millones de dólares. Usted es fabulosamente rico, según se dice, y es amigo de la cultura y de la humanidad. Reflexione en que será a usted a quien corresponderá el honor y la gloria de salvar, mediante un pequeño sacrificio de billetes, el tesoro más maravilloso de la civilización humana. Tengo plena certeza de que demostrará ser más inteligente y generoso que tantos otros engreídos magnates a los que me he dirigido hasta el presente, y siempre en vano.
Dije al profesor Golding que su idea me parecía genial y grandiosa, pero que precisaba hacer algunas serias reflexiones sobre el tema, antes de poder darle una respuesta. Al oírme, el amarillo hombrecillo respondió con acento amargo
- Así me responden todos, y después no dan más señales de sí. Quiero esperar con toda sinceridad que usted no se ha de comportar como los otros.
Nos despedimos algo fríamente. Y ahora pienso partir esta noche misma para Nueva York y embarcarme mañana para Europa
Interrumpí al profesor Harry Golding para decirle que no me molestaba, pero que, en lo referente a la elección de los libros, confiaba por completo en su juicio, y añadí
- Soy un pobre ignorante, y mi opinión sobre ese tema, en caso de tener la osadía de elaborar una opinión, no tendría utilidad ninguna.
- ¡De ninguna manera! - exclamó el ictérico hombrecillo. Usted está llamado a cargar con los gastos de esta biblioteca y tiene el derecho de saber acerca de la misma. No le quitaré mucho de su tiempo, puesto que necesariamente la lista es breve.
»El Antiguo y el Nuevo Testamento serán los primeros libros que se grabarán, versículo por versículo, desde el primero hasta el último. En cambio, haremos una antología de los escritos de Confucio, del Avesta y del Corán . El Oriente deberá ser sacrificado, ello me causa remordimiento y dolor, pero no podemos proceder en otra forma: los Vedas , el Ramayana , el Mahabharata , los Upanishad , Calidasa, Laotze, Chuang-Tze, Firdausi, requerirían miles y miles de planchas de acero.
» Pero nos reabasteceremos en Grecia, madre de toda luz v de todo saber. Los dos poemas Homéricos, una traducción de Esquilo y otra de Sófocles, dos o tres diálogos de Platón, los Elementos de Euclides, la Introducción a la Metafísica de Aristóteles, los fragmentos de Heráclito y de Epicuro, esto bastará para dar una pálida idea de lo que fue llamado «el milagro griego». Roma nos dará menos trabajo: solamente la Eneida será grabada toda entera; de Horacio, de Tácito y de Juvenal bastará hacer una sobria crestomatía. En cambio, brindaremos una edición completa de las Confesiones de San Agustín y abundantes selecciones de laSumma de Santo Tomás. Querría grabar íntegramente la Chanson de Roland ,Tristán y la Divina Comedia , así como también los sonetos más hermosos de Petrarca. En cuanto a los modernos, me contentaría con el Elogio de la Locura de Erasmo de Rotterdam y El Príncipe , de Maquiavelo. Tres o cuatro tragedias de Shakespeare harían compañía al Paraíso Perdido de Milton y al Don Quijote de Cervantes. Añadiría con placer una selección de Ariosto y de Rabelais, grabando en cambio el texto íntegro de la obra Nuove Scienze de Galileo y de los Principiade Newton. En lo que respecta a Francia escogería las Máximas del Duque de la Rochefoucauld, los más hermosos de los Pensées de Pascal, alguna novelita de Voltaire - quizás Cándido - y las Fleurs du Mal de Baudelaire. En cuanto a Alemania bastarán el Fausto de Goethe y el Zarathustra de Nietzsche; de la literatura rusa una novela de Dostoievski y otra de Tolstoi. No se deberá olvidar a la ciencia, la que podrá estar dignamente representada por la obra Orígenes de las Especies , de Darwin, por las Lecciones sobre Psicoanálisis , de Freud y por los ensayos fundamentales de Einstein. ¿Qué impresión le causa mi breve catálogo?».
Le respondí que me parecía excelente, y que no sería capaz de aconsejar quitar alguna de las obras ni añadir otras. Mister Harry Golding continuó diciendo:
- Por desgracia quedan todavía amplias lagunas, y me duele de corazón excluir, por ejemplo, a Shelley, a Leopardi, a Hume y a Kant, así como también a Víctor Hugo y a Rimbaud. Pero, como ya le dije anteriormente, el pensamiento de los enormes gastos me ha obligado a tan penosos renunciamientos. Ya mandé hacer un cálculo aproximado: para la Biblioteca de Acero, tal cual la he pensado, bastarán pocos millones de dólares. Usted es fabulosamente rico, según se dice, y es amigo de la cultura y de la humanidad. Reflexione en que será a usted a quien corresponderá el honor y la gloria de salvar, mediante un pequeño sacrificio de billetes, el tesoro más maravilloso de la civilización humana. Tengo plena certeza de que demostrará ser más inteligente y generoso que tantos otros engreídos magnates a los que me he dirigido hasta el presente, y siempre en vano.
Dije al profesor Golding que su idea me parecía genial y grandiosa, pero que precisaba hacer algunas serias reflexiones sobre el tema, antes de poder darle una respuesta. Al oírme, el amarillo hombrecillo respondió con acento amargo
- Así me responden todos, y después no dan más señales de sí. Quiero esperar con toda sinceridad que usted no se ha de comportar como los otros.
Nos despedimos algo fríamente. Y ahora pienso partir esta noche misma para Nueva York y embarcarme mañana para Europa
Conversación x
La verdadera historia del planeta comienza con la aparición del hombre. Los primeros seres humanos viven en cavernas como los animales, se cubren con pieles de animales, se alimentan con carne de animales, se muerden y despedazan entre si como animales, se unen libremente como animales, pero poco a poco se elevan del medio animal, se iluminan con la inteligencia, transforman la piedra en arma, el arma en arnés, la caverna en casa y en templo, convierten el abrazo ciego en amor, el brujo se hace sacerdote, el sacerdote se convierte en monarca, los cazadores se transforman en pastores, éstos en agricultores, las primitivas hordas salvajes se reducen a tribus ordenadas, las tribus llegan a ser los pueblos y naciones.
El hombre llega a ser dueño del fuego, del buey, inventa la rueda y el arado, aprende a sembrar, a pintar, ennoblece los gritos guturales convirtiéndolos en lenguaje articulado; los símbolos diseñados llegan a ser escritura inteligible.
Pero el hombre debe combatir, combatir siempre, combatir eternamente. Su guerra primera se libra contra el hambre, contra las bestias, contra la naturaleza misteriosa y amenazadora, contra las tribus rivales, contra los que abusan del poder para aprovecharse de él y oprimirlo. El hombre siempre será guerrero, combatiente, héroe: deberá combatir contra los hielos y las heladas, contra las marismas y las corrientes, contra la oscuridad y el terror nocturnos, contra la selva venenosa y la furia de los mares; finalmente combatirá contra sus reyes e incluso contra sus dioses.
Los hombres trazan con caminos los desiertos y las selvas, vencen y pasan las montañas, se enseñorean del viento y con los remos golpean las olas para navegar velozmente sobre los ríos y los mares, alzan pilastras de material y columnas de mármol, construyen las casas de Dios y las moradas de los monarcas, modelan en piedra las imágenes de los muertos y de los númenes, construyen las metrópolis. Pero, la guerra entre el hombre y el mundo, entre el hombre y el hombre, jamás se interrumpe, nunca cesa. Las ciudades coligadas o conquistadas se dilatan transformándose en reinos e imperios, los imperios luchan entre sí para lograr el dominio sobre las ciudades, y los reinos crecen, florecen, triunfan, decaen, se derrumban. Se levantan otros imperios que a su vez se pudren y se arruinan.
El Occidente se encrespa con el Oriente, éste se lanza contra el primero, Asia contra Europa, Europa contra Africa, continente contra continente, raza contra raza, religiones contra religiones.
Las migraciones de los nómadas provocan nuevas guerras, las invasiones de los bárbaros obligan a nuevas luchas, los pueblos vírgenes e incultos que se asoman por vez primera al teatro de la historia se abren camino mediante guerras. Menfis y Tebas quedan destruidas, Babilonia y Persépolis son incendiadas, Atenas y Roma se ven asediadas y saqueadas; desde el Norte y el Este acuden ríos humanos de caballeros velludos, hambrientos de trigo, de lujo y de sol, salvan los confines, cruzan los mares, someten y despojan a los antiguos señores ahora reblandecidos. Mientras tanto, los emperadores hacen asesinar y son asesinados, los nuevos reyes ordenan carnicerías y a su turno concluyen siendo sacrificados.
Y a pesar de todo, a pesar de esa sangre y ese odio, de esa ferocidad y esas traiciones, los hombres sobreviven y se renuevan. Se levantan nuevas metrópolis en el lugar de las que cayeron o fueron destruidas, se hallan y reaparecen las obras maestras que yacían sepultadas, los poetas cantan las gestas de los dioses victoriosos y de los héroes vencidos, los filósofos procuran hallar la esencia del mundo y la del alma paseando a lo largo de las orillas del Iliso o en los pórticos de Atenas, coros de vírgenes y de ancianos cantan en teatros abiertos, bajo el cielo mediterráneo, lamentando la inexorabilidad del Hado, se alzan anfiteatros, curias y basílicas semejantes a moradas para cíclopes. Sobre los milagros esparcidos acá y allá se levanta ya el canto armonioso de los rapsodas, ya el resonar de las trompetas, ya el alarido de empenachados depredadores.
Pero... un día, en el establo oscuro de un escondido pueblecillo, en medio de un pueblo despreciado y esclavizado, nace un nuevo Dios que con su sangre rescata al mundo, que con su palabra renueva al mundo, que con su muerte abre el horizonte hacia una nueva vida.
Desgraciadamente, el manuscrito de Walt Whitman se detiene aquí, sin tener en cuenta que mi descarnado resumen le ha hecho perder lo mejor de su luminosidad. Quedan todavía algunos otros fragmentos, pero tan desligados y tan lacónicos que no es posible reconstruir el conjunto del poema que habría sido la obra maestra de un titán, y tal cual lo tengo es tan sólo la sombra de un sueño demasiado grande.
¿Habrá alguna vez en la tierra un poeta tan inspirado y heroico, capaz de retomar y llevar a término la “ sinfonía inconclusa “ de Walt Whitman?
El hombre llega a ser dueño del fuego, del buey, inventa la rueda y el arado, aprende a sembrar, a pintar, ennoblece los gritos guturales convirtiéndolos en lenguaje articulado; los símbolos diseñados llegan a ser escritura inteligible.
Pero el hombre debe combatir, combatir siempre, combatir eternamente. Su guerra primera se libra contra el hambre, contra las bestias, contra la naturaleza misteriosa y amenazadora, contra las tribus rivales, contra los que abusan del poder para aprovecharse de él y oprimirlo. El hombre siempre será guerrero, combatiente, héroe: deberá combatir contra los hielos y las heladas, contra las marismas y las corrientes, contra la oscuridad y el terror nocturnos, contra la selva venenosa y la furia de los mares; finalmente combatirá contra sus reyes e incluso contra sus dioses.
Los hombres trazan con caminos los desiertos y las selvas, vencen y pasan las montañas, se enseñorean del viento y con los remos golpean las olas para navegar velozmente sobre los ríos y los mares, alzan pilastras de material y columnas de mármol, construyen las casas de Dios y las moradas de los monarcas, modelan en piedra las imágenes de los muertos y de los númenes, construyen las metrópolis. Pero, la guerra entre el hombre y el mundo, entre el hombre y el hombre, jamás se interrumpe, nunca cesa. Las ciudades coligadas o conquistadas se dilatan transformándose en reinos e imperios, los imperios luchan entre sí para lograr el dominio sobre las ciudades, y los reinos crecen, florecen, triunfan, decaen, se derrumban. Se levantan otros imperios que a su vez se pudren y se arruinan.
El Occidente se encrespa con el Oriente, éste se lanza contra el primero, Asia contra Europa, Europa contra Africa, continente contra continente, raza contra raza, religiones contra religiones.
Las migraciones de los nómadas provocan nuevas guerras, las invasiones de los bárbaros obligan a nuevas luchas, los pueblos vírgenes e incultos que se asoman por vez primera al teatro de la historia se abren camino mediante guerras. Menfis y Tebas quedan destruidas, Babilonia y Persépolis son incendiadas, Atenas y Roma se ven asediadas y saqueadas; desde el Norte y el Este acuden ríos humanos de caballeros velludos, hambrientos de trigo, de lujo y de sol, salvan los confines, cruzan los mares, someten y despojan a los antiguos señores ahora reblandecidos. Mientras tanto, los emperadores hacen asesinar y son asesinados, los nuevos reyes ordenan carnicerías y a su turno concluyen siendo sacrificados.
Y a pesar de todo, a pesar de esa sangre y ese odio, de esa ferocidad y esas traiciones, los hombres sobreviven y se renuevan. Se levantan nuevas metrópolis en el lugar de las que cayeron o fueron destruidas, se hallan y reaparecen las obras maestras que yacían sepultadas, los poetas cantan las gestas de los dioses victoriosos y de los héroes vencidos, los filósofos procuran hallar la esencia del mundo y la del alma paseando a lo largo de las orillas del Iliso o en los pórticos de Atenas, coros de vírgenes y de ancianos cantan en teatros abiertos, bajo el cielo mediterráneo, lamentando la inexorabilidad del Hado, se alzan anfiteatros, curias y basílicas semejantes a moradas para cíclopes. Sobre los milagros esparcidos acá y allá se levanta ya el canto armonioso de los rapsodas, ya el resonar de las trompetas, ya el alarido de empenachados depredadores.
Pero... un día, en el establo oscuro de un escondido pueblecillo, en medio de un pueblo despreciado y esclavizado, nace un nuevo Dios que con su sangre rescata al mundo, que con su palabra renueva al mundo, que con su muerte abre el horizonte hacia una nueva vida.
Desgraciadamente, el manuscrito de Walt Whitman se detiene aquí, sin tener en cuenta que mi descarnado resumen le ha hecho perder lo mejor de su luminosidad. Quedan todavía algunos otros fragmentos, pero tan desligados y tan lacónicos que no es posible reconstruir el conjunto del poema que habría sido la obra maestra de un titán, y tal cual lo tengo es tan sólo la sombra de un sueño demasiado grande.
¿Habrá alguna vez en la tierra un poeta tan inspirado y heroico, capaz de retomar y llevar a término la “ sinfonía inconclusa “ de Walt Whitman?
miércoles, 3 de febrero de 2010
La Central
A Trino lo único que le irritaba era que él fuese débil y que sintiese miedo de lo oscuro, de los lucios y de la Central. Pero el Senderines no podía remediarlo.
Cinco años antes su padre le llevó con él para que viera por dentro la fábrica de luz. Hasta entonces él no había reparado en la mágica transformación. Consideraba la Central, con su fachada ceñida por la vieja parra, cono un elemento imprescindible de su vida. Tan sólo sabía de ella lo que Conrado le dijo en una ocasión:
-El agua entra por esta reja y dentro la hacemos luz; es muy sencillo,
Él pensaba que dentro existirían unas enormes tinas y que Conrado, Goyo y su padre apalearían el agua incansablemente hasta que de ella no quedase más que el brillo. Luego se dedicarían a llenar bombillas con aquel brillo para que, llegada la noche, los hombres tuvieran luz. Por entonces el «bom-born» de la Central le fascinaba. Él creía que aquel fragor sostenido lo producía su padre y sus compañeros al romper el agua para extraerle sus cristalinos brillantes. Pero no era así. Ni su padre, ni Conrado, ni Goyo, amasaban nada dentro de la fábrica. En puridad, ni su padre, ni Goyo, ni Conrado «trabajaban» allí-, se limitaban a observar unas agujas, a oprimir unos botones, a mover unas palancas. El «bom-bom» que acompañaba su vida no lo producía, pues, su padre al desentrañar el agua, ni al sacarla lustre; el agua entraba y luego salía tan sucia como entrara. Nadie la tocaba. En lugar de unas tinas rutilantes, el Senderines se encontró con unos torvos cilindros negros adornados de calaveras por todas partes y experimentó un imponente pavor y rompió a llorar. Posteriormente, Conrado le explicó que del agua sólo se aprovechaba la fuerza; que bastaba la fuerza del agua para fabricar la luz. El Senderines no lo comprendía; a él no le parecía que el agua tuviera ninguna fuerza. Si es caso aprovecharía la fuerza de los barbos y de las tencas y de las carpas, que eran los únicos que luchaban desesperadamente cuando Goyo pretendía atraparlos desde la presa. Más adelante, pensó que el negocio de su padre no era un mal negocio porque don Rafael tenía que comprar el trigo para molerlo en su fábrica y el agua del río, en cambio, no costaba dinero. Más adelante aún, se enteró de que el negocio no era de su padre, sino que su padre se limitaba a aprovechar la fuerza del río, mientras el dueño del negocio se limitaba a aprovechar la fuerza de su padre. La organización del mundo se modificaba a los ojos de el Senderines; se le ofrecía como una confusa maraña
Cinco años antes su padre le llevó con él para que viera por dentro la fábrica de luz. Hasta entonces él no había reparado en la mágica transformación. Consideraba la Central, con su fachada ceñida por la vieja parra, cono un elemento imprescindible de su vida. Tan sólo sabía de ella lo que Conrado le dijo en una ocasión:
-El agua entra por esta reja y dentro la hacemos luz; es muy sencillo,
Él pensaba que dentro existirían unas enormes tinas y que Conrado, Goyo y su padre apalearían el agua incansablemente hasta que de ella no quedase más que el brillo. Luego se dedicarían a llenar bombillas con aquel brillo para que, llegada la noche, los hombres tuvieran luz. Por entonces el «bom-born» de la Central le fascinaba. Él creía que aquel fragor sostenido lo producía su padre y sus compañeros al romper el agua para extraerle sus cristalinos brillantes. Pero no era así. Ni su padre, ni Conrado, ni Goyo, amasaban nada dentro de la fábrica. En puridad, ni su padre, ni Goyo, ni Conrado «trabajaban» allí-, se limitaban a observar unas agujas, a oprimir unos botones, a mover unas palancas. El «bom-bom» que acompañaba su vida no lo producía, pues, su padre al desentrañar el agua, ni al sacarla lustre; el agua entraba y luego salía tan sucia como entrara. Nadie la tocaba. En lugar de unas tinas rutilantes, el Senderines se encontró con unos torvos cilindros negros adornados de calaveras por todas partes y experimentó un imponente pavor y rompió a llorar. Posteriormente, Conrado le explicó que del agua sólo se aprovechaba la fuerza; que bastaba la fuerza del agua para fabricar la luz. El Senderines no lo comprendía; a él no le parecía que el agua tuviera ninguna fuerza. Si es caso aprovecharía la fuerza de los barbos y de las tencas y de las carpas, que eran los únicos que luchaban desesperadamente cuando Goyo pretendía atraparlos desde la presa. Más adelante, pensó que el negocio de su padre no era un mal negocio porque don Rafael tenía que comprar el trigo para molerlo en su fábrica y el agua del río, en cambio, no costaba dinero. Más adelante aún, se enteró de que el negocio no era de su padre, sino que su padre se limitaba a aprovechar la fuerza del río, mientras el dueño del negocio se limitaba a aprovechar la fuerza de su padre. La organización del mundo se modificaba a los ojos de el Senderines; se le ofrecía como una confusa maraña
lunes, 1 de febrero de 2010
El Arte de la prudencia
Carácter e Intelecto, los 2 polos de nuestra capacidad, una sin la otra son la mitad de la felicidad. El Intelecto no es suficiente, el Carácter es necesario.
No digas nada, el valor de tus logros se incrementa por su novedad. Es inútil y estupido jugar con todas tus cartas sobre la mesa. Si no declaras lo que vas a hacer causas expectativas, especialmente cuando eres objeto de atención general. Ponle misterio a todo, el misterio causa veneración. Cuando expliques tus cosas, no seas explícito, para que no expongas tus pensamientos. El silencio es el santuario del Arte de la Prudencia.
El que bien habla, habla breve.
La forma apropiada de afrontar las tormentas del vulgo es retirarte y dejar que se calmen solas. Ceder hoy es conquistar poco a poco. El agua de una fuente se enturbia con un poco que la agitemos y no se transparenta por nuestra voluntad sino dejandola en paz, sin moverla. El mejor remedio para los asuntos molestos es dejarlos que tomen su curso y se calmen solos.
Has que la gente te busque, pocos alcanzan este favor con los demas. La manera mas segura para hacer que la gente te busque es ser excelente en tu oficio y en tus talentos añadiendole modales agradables. Haciendo esto llegas al punto en que te vuelves necesario para tu oficio, no tu oficio para ti. Algunos le hacen honor a su puesto, mientras que con otros es todo lo contrario.
Los problemas se pueden arreglar cuando apenas van apareciendo, si los dejas crecer se volvera mas difícil.
La mitad del mundo se ríe de la otra mitad y todos son estúpidos: Todo es bueno o todo es malo dependiendo de a quien le preguntes. Lo que uno busca el otro condena. Es un estúpido aquel que regule todo de acuerdo a sus ideas. No te desanimes si algo no le gusta a alguien, porque otros lo apreciaran
La acción es peligrosa cuando la prudencia te hace dudar. La Sabiduría no confía en las probabilidades, siempre se mueve en la razón. ¿Como puede cualquier esfuerzo tener éxito cuando el buen juicio lo condena tan pronto como es concebido?
No llegues hasta las últimas consecuencias de nada, ni bueno, ni malo: Si llevas algo hasta el extremo se volverá contra ti, exprime todo el jugo de una naranja y se volverá agria. Ni en los disfrutes llegues a los extremos. Si ordeñas a una vaca demasiado, en lugar de obtener leche sacaras sangre.
La oreja es la puerta lateral de la verdad pero también la puerta frontal de las mentiras. La verdad generalmente se ve, raramente es escuchada. La verdad viene raramente en su pureza elemental, siempre la acompañan una mezcla de los humores de aquellos por los que ha pasado.
Pero no tomes la costumbre de estar insatisfecho con todo, es el extremo de la tontería.
La prisa es la falla de los tontos – no conocen los obstáculos y actúan sin preparación. La tardanza nulifica el pensamiento diligente. La presteza es la madre de la buena fortuna. Ha hecho mucho el que no deja nada para mañana. Despacio que voy de prisa.
La sabia naturaleza ha combinado prudentemente la dulzura en la miel de la abeja y la agudeza en su aguijón.
Es mas fácil evitar comprometerse que salir bien parado del compromiso.
Ocuparte en algo que no te concierne es peor que no hacer nada.
Medita bien las cosas, todos los tontos sufren por no meditar bien las cosas. Hacen un gran escándalo por lo que importa poco y poco ruido de lo que importa mucho, siempre usando la balanza equivocada. Hay asuntos que deben ser observados con la atención mas detallada y deben de ser siempre recordados. El prudente medita bien todas las cosas, sobre todo las mas difíciles.
Algunos valoran los libros por su grosor, como si hubieran sido escritos para ejercitar los músculos más que el cerebro. Si quieres ser excelente en todo lo serás en nada.
Se Libre de Imperfecciones, todos tenemos algún punto débil, ya sea físico o moral, el cual consentimos aunque lo podríamos curar fácilmente. Un defecto, por pequeño que sea te devalúa, una nube puede tapar al sol. Nuestros defectos sirven para ser señalados por aquellos con mala voluntad. La más grande habilidad es transformar los defectos en ornamentos. El Cesar romano ocultaba su calvicie con laureles.
No te contentes con la humilde mediocridad cuando puedes brillar.
No digas nada, el valor de tus logros se incrementa por su novedad. Es inútil y estupido jugar con todas tus cartas sobre la mesa. Si no declaras lo que vas a hacer causas expectativas, especialmente cuando eres objeto de atención general. Ponle misterio a todo, el misterio causa veneración. Cuando expliques tus cosas, no seas explícito, para que no expongas tus pensamientos. El silencio es el santuario del Arte de la Prudencia.
El que bien habla, habla breve.
La forma apropiada de afrontar las tormentas del vulgo es retirarte y dejar que se calmen solas. Ceder hoy es conquistar poco a poco. El agua de una fuente se enturbia con un poco que la agitemos y no se transparenta por nuestra voluntad sino dejandola en paz, sin moverla. El mejor remedio para los asuntos molestos es dejarlos que tomen su curso y se calmen solos.
Has que la gente te busque, pocos alcanzan este favor con los demas. La manera mas segura para hacer que la gente te busque es ser excelente en tu oficio y en tus talentos añadiendole modales agradables. Haciendo esto llegas al punto en que te vuelves necesario para tu oficio, no tu oficio para ti. Algunos le hacen honor a su puesto, mientras que con otros es todo lo contrario.
Los problemas se pueden arreglar cuando apenas van apareciendo, si los dejas crecer se volvera mas difícil.
La mitad del mundo se ríe de la otra mitad y todos son estúpidos: Todo es bueno o todo es malo dependiendo de a quien le preguntes. Lo que uno busca el otro condena. Es un estúpido aquel que regule todo de acuerdo a sus ideas. No te desanimes si algo no le gusta a alguien, porque otros lo apreciaran
La acción es peligrosa cuando la prudencia te hace dudar. La Sabiduría no confía en las probabilidades, siempre se mueve en la razón. ¿Como puede cualquier esfuerzo tener éxito cuando el buen juicio lo condena tan pronto como es concebido?
No llegues hasta las últimas consecuencias de nada, ni bueno, ni malo: Si llevas algo hasta el extremo se volverá contra ti, exprime todo el jugo de una naranja y se volverá agria. Ni en los disfrutes llegues a los extremos. Si ordeñas a una vaca demasiado, en lugar de obtener leche sacaras sangre.
La oreja es la puerta lateral de la verdad pero también la puerta frontal de las mentiras. La verdad generalmente se ve, raramente es escuchada. La verdad viene raramente en su pureza elemental, siempre la acompañan una mezcla de los humores de aquellos por los que ha pasado.
Pero no tomes la costumbre de estar insatisfecho con todo, es el extremo de la tontería.
La prisa es la falla de los tontos – no conocen los obstáculos y actúan sin preparación. La tardanza nulifica el pensamiento diligente. La presteza es la madre de la buena fortuna. Ha hecho mucho el que no deja nada para mañana. Despacio que voy de prisa.
La sabia naturaleza ha combinado prudentemente la dulzura en la miel de la abeja y la agudeza en su aguijón.
Es mas fácil evitar comprometerse que salir bien parado del compromiso.
Ocuparte en algo que no te concierne es peor que no hacer nada.
Medita bien las cosas, todos los tontos sufren por no meditar bien las cosas. Hacen un gran escándalo por lo que importa poco y poco ruido de lo que importa mucho, siempre usando la balanza equivocada. Hay asuntos que deben ser observados con la atención mas detallada y deben de ser siempre recordados. El prudente medita bien todas las cosas, sobre todo las mas difíciles.
Algunos valoran los libros por su grosor, como si hubieran sido escritos para ejercitar los músculos más que el cerebro. Si quieres ser excelente en todo lo serás en nada.
Se Libre de Imperfecciones, todos tenemos algún punto débil, ya sea físico o moral, el cual consentimos aunque lo podríamos curar fácilmente. Un defecto, por pequeño que sea te devalúa, una nube puede tapar al sol. Nuestros defectos sirven para ser señalados por aquellos con mala voluntad. La más grande habilidad es transformar los defectos en ornamentos. El Cesar romano ocultaba su calvicie con laureles.
No te contentes con la humilde mediocridad cuando puedes brillar.
jueves, 28 de enero de 2010
Cartas
Soy hombre irresoluto y, a veces, pienso con amargura que me moriré sin conocerme. ¿Sabe usted en todo momento a qué obedecen sus decisiones? ¿Nunca se dejó arrastrar por las circunstancias? ¿Jamás actúa por intuición, indignación o temor?
Pero a lo que iba, señora. Yo soy un enfermo saludable o, si lo prefiere, un enfermo que nunca se muere ni acaba de sanar del todo.
En ocasiones, desazonado en mi duermevela, cuento corderos imaginarios o sigo mentalmente el itinerario de un tendón desde un dedo del pie hasta la ingle,pero no me duermo, o, si lo hago, sueño que cuento corderos o que sigo el itinerario de un tendón hasta la ingle. ¿He estado, en realidad, contando corderos o siguiendo tendones sin conciliar el sueño, o he soñado que contaba corderos y seguía tendones durante toda la noche? Lo ignoro y de ahí mi drama.
No se trata de estar más o menos llena, más o menos flaca, entiéndame, sino simplemente de que la carne, mucha o poca, que recubre el hueso, sea de buena calidad
En la vida, no hay puertas falsas ni puertas verdaderas, señora. Cualquier puerta es válida cuando es la Historia quien nos la abre. Puede estar seguro su hijo de usted que yo no organicé el Alzamiento Nacional. Soy apolítico, desde la infancia lo he sido, y de siempre he considerado la política como un mal necesario. Quiere decir esto, señora, que tanto me da que la moneda caiga de un lado como del otro, que salga cara o que salga cruz. Únicamente desde esta posición neutral puede emitirse un juicio objetivo.
Toda aglomeración se me hace hostil. La conciencia colectiva es homicida.
Aunque no tengamos prisa, el semáforo nos la inventa. Yo mismo, un hombre jubilado, tan pronto intuyo que la luz verde va a dar paso a la anaranjada, no lo puedo remediar, echo una carrerita. ¿Por qué? ¿Quién me requiere? ¿Quién me espera del otro lado de la luz? Nadie, por supuesto. Minuto más, minuto menos me da lo mismo, pero, de pronto, me asalta la fiebre competitiva y no puedo por menos de apresurarme. El semáforo, créeme, es el peor enemigo del hombre moderno, el gran verdugo de nuestro tiempo.
A los jóvenes de hoy les gusta ganar tiempo, perdiéndolo; entiéndame, haciendo cosas inútiles, estudios que no sirven para nada. Lo de los jóvenes me da miedo. Cada vez que voy a casa de los Cerviño y oigo la música desacompasada, el volumen infernal a que la escuchan los chicos, salgo asustado. Aquí, en Cremanes, sucede igual con los jóvenes Aspiazu.¿Por qué esta pasión juvenil común por la música violenta? ¿Por qué la ponen tan alto? ¿Qué es lo que no quieren oír?
Yo debo reconocer que me he acostumbrado a usted, que necesito de usted, de sus desplantes, sus ironías, sus lamentaciones y que prescindir de golpe de todo ello me supondría un hondo desgarramiento. Lo importante en la vida es disponer de un interlocutor. Se vive para contarlo, en función de un destinatario. ¿Qué hacer si éste, de pronto, desaparece? Recomencemos, pues, desde la realidad si le es servido.
...la Medicina, pese a sus esfuerzos, no ha conseguido cambiamos por dentro; nos ha hecho más pero no mejores. Estamos más juntos —y aún lo estaremos más— pero no más próximos....
...la aspiración de todo hombre es elevar su rango, anteponerse, no tanto acrecentando su cultura y sus facultades como amedrentando a su adversario o debilitándolo....
...el hombre se despersonaliza y las comunidades degeneran en unas masas amorfas, sumisas, fácilmente controlables...
...todo cuanto sea conservar el medio es progresar; todo lo que signifique alterarlo esencialmente, es retroceder. Empero, el hombre se obstina en mejorarla y se inmiscuye en el equilibrio ecológico, eliminando mosquitos, desecando lagunas o talando el revestimiento vegetal. En puridad, las relaciones del hombre con la Naturaleza, como las relaciones con otros hombres, siempre se han establecido a palos...
...el hombre podrá jactarse de una nueva proeza, en esta época de culto hacia las marcas: haberse bebido en un siglo una riqueza que tardó seiscientos millones de años en formarse...
...digo que quiero limpiar pero en realidad lo que hago es seguir ensuciando...
...el verdadero progresismo ante la Naturaleza es el conservadurismo....
martes, 15 de diciembre de 2009
II
La señorita Elvira se conforma con poco, pero ese poco casi nunca lo consigue. Tardó mucho tiempo en enterarse de cosas que, cuando las aprendió, le cogieron ya con los ojos llenos de patas de gallo y los dientes picados y ennegrecidos.
Ahora se conforma con no ir al hospital, con poder seguir en su miserable fonducha; a lo mejor, dentro de unos años, su sueño dorado es una cama en el hospital, al lado del radiador de la calefacción.
-Sí, tenía razón Byron. Si tengo un hijo haré de él algo prosaico: abogado o pirata.
Ahora se conforma con no ir al hospital, con poder seguir en su miserable fonducha; a lo mejor, dentro de unos años, su sueño dorado es una cama en el hospital, al lado del radiador de la calefacción.
-Sí, tenía razón Byron. Si tengo un hijo haré de él algo prosaico: abogado o pirata.
domingo, 27 de septiembre de 2009
El pueblo en la cara
Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.
El día que me largué, las Mellizas dormían juntas en la vieja cama de hierro y,
al besarlas en la frente, la Clara, que sólo dormía con un ojo y me miraba con
el otro, azul, patéticamente inmóvil, rebulló y los muelles chirriaron, como si
también quisieran despedirme. A Padre no le dije nada, ni hice por verle,
porque me había advertido: «Si te marchas, hazte la idea de que no me has
conocido». Y yo me hice la idea desde el principio y amén. Y después de
toparme con el Aniano, bajo el chopo del Elicio, tomé el camino de Pozal de la
Culebra, con el hato al hombro y charlando con el Cosario de cosas
insustanciales, porque en mi pueblo no se da demasiada importancia a las
cosas y si uno se va, ya volverá; si uno enferma, ya sanará; y si no sana, que
se muera y que le entierren. Después de todo, el pueblo permanece y algo
queda de uno agarrado a los cuetos, los chopos y los rastrojos. En las ciudades
se muere uno del todo; en los pueblos, no; y la carne y los huesos de uno se
hacen tierra, y si los trigos y las cebadas, los cuervos y las urracas medran y se
reproducen es porque uno les dio su sangre y su calor y nada más.
El día que me largué, las Mellizas dormían juntas en la vieja cama de hierro y,
al besarlas en la frente, la Clara, que sólo dormía con un ojo y me miraba con
el otro, azul, patéticamente inmóvil, rebulló y los muelles chirriaron, como si
también quisieran despedirme. A Padre no le dije nada, ni hice por verle,
porque me había advertido: «Si te marchas, hazte la idea de que no me has
conocido». Y yo me hice la idea desde el principio y amén. Y después de
toparme con el Aniano, bajo el chopo del Elicio, tomé el camino de Pozal de la
Culebra, con el hato al hombro y charlando con el Cosario de cosas
insustanciales, porque en mi pueblo no se da demasiada importancia a las
cosas y si uno se va, ya volverá; si uno enferma, ya sanará; y si no sana, que
se muera y que le entierren. Después de todo, el pueblo permanece y algo
queda de uno agarrado a los cuetos, los chopos y los rastrojos. En las ciudades
se muere uno del todo; en los pueblos, no; y la carne y los huesos de uno se
hacen tierra, y si los trigos y las cebadas, los cuervos y las urracas medran y se
reproducen es porque uno les dio su sangre y su calor y nada más.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Café para todos
Dirán ustedes que lo de hoy es una chorrada, y que vaya tonterías elige el cabrón del Reverte para su artículo. Para llenar la página. Pero no estoy seguro de que la cosa sea intrascendente. Como decía Ovidio, o uno de esos antiguos –lo leí ayer en un Astérix–, una pequeña mordedura de víbora puede liquidar a un toro. Es como cuando, por ejemplo, ves a un fulano por la calle con una gorra de béisbol puesta del revés. Cada uno puede ir como le salga, naturalmente. Para eso hemos muerto un millón de españoles, o más. Luchando por las gorras de béisbol y por las chanclas. Pero esa certeza moral no impide que te preguntes, con íntima curiosidad, por qué el fulano lleva la gorra del revés, con la visera para atrás y la cintita de ajustarla sobre la frente. Todo eso conduce a más preguntas: si viene directamente de quitarse la careta de catcher de los Tomateros de Culiacán, si le da el sol en el cogote o si es un poquito gilipollas. Concediéndole, sin embargo, el beneficio de la duda, de ahí pasas a preguntarte si, en vista de que al pavo le molesta o no le conviene llevar la visera de la gorra hacia delante, por qué usa gorra con visera. Por qué no recurre a un casquete moruno, un fez turco o a una boina con rabito. Luego terminas pensando que es raro que los fabricantes de gorras no hayan pensado en hacer una gorra sin visera, para fulanos como el que acabas de ver; y de eso deduces, malpensado como eres, que la mafia internacional de los fabricantes de gorras de béisbol pone visera a todos los modelos para cobrar más caro y explotar al cliente, y luego lo disimulan regalándole gorras a Leonardo DiCaprio para que se las ponga del revés cuando saca en moto a su novia en el Diez Minutos. Eso te lleva inevitablemente a pensar en la crisis de Occidente y el aborregamiento de las masas, hasta que acabas echando espumarajos por la boca y decides apuntarte en Al Quaida y masacrar infieles, mientras concluyes que el mundo es una mierda pinchada en un palo, que odias a la Humanidad –Monica Bellucci aparte– y que la culpa de todo la tiene el Pesoe.
miércoles, 9 de septiembre de 2009
El último escalón
Verás – empezó –. La evolución mental ha seguido un patrón definido. Primero era algo informe. Una conciencia forzada. Instinto. Poca función individual y mucha colectividad. El estado mental primitivo. A continuación se produjo una reducción drástica de la respuesta amplia. Limitación máxima a cambio de dirección y poder máximos. En una palabra: concentración. El estado en el que podría decirse que existimos en éste momento. Somos maestros absolutos de la técnica y, sin embargo, ignoramos por completo el conocimiento de nosotros mismos. El paso definitivo, el paso que todavía tenemos que dar o que, quizás, ya estamos dando, es el siguiente: conservar los valores de la racionalidad, de la objetividad. Al mismo tiempo, es necesario que volvamos a zambullirnos en lo informe y en lo irracional. Esto puede parecer un paso hacia atrás pero en realidad será un paso hacia la especulación subjetiva. Un paso hacia la auto-dirección. En resumen, hacia la percepción. – Sonrió –. Aunque ha sido una explicación muy breve – añadió –, estoy seguro de que la has entendido.
miércoles, 2 de septiembre de 2009
Diario de un emigrante
Hay panolis que se piensan que esto de escribir para uno es como el hablar a solas, cosa de chalados. Eso son las ganas de enredar las cosas, porque uno no siempre dice lo que quiere y hay pensamientos que andan por dentro de uno y, uno, por vueltas que le dé, no acierta a expresarlos. Uno es de una manera y cómo uno es, no lo sabe ni su madre y, sin necesidad de ir al zorro, uno nunca se confía del todo a los demás y si quiere recordarse de algo, no hay como comerlo a palo seco, sin el recelo de que otro venga a cachondearse de lo que dice. Esta es la fetén y el que diga lo contrario, miente.
jueves, 6 de agosto de 2009
Camino de perfección
¡Qué hermoso poema el del cadáver del obispo en aquel campo tranquilo! Estaría allá abajo con su mitra y sus ornamentos y su báculo, arrullado por el murmullo de la fuente. Primero, cuando lo enterraran, empezaría a pudrirse poco a poco: hoy se le nublaría un ojo, y empezarían a nadar los gusanos por los jugos vítreos; luego, el cerebro se le iría reblandeciendo, los humores correrían de una parte del cuerpo a otra y los gases harían reventar en llagas la piel: y en aquellas carnes podridas y desechas correrían las larvas alegremente…
Un día comenzaría a filtrarse la lluvia y a llevar con ella sustancia orgánica, y al pasar por la tierra aquella sustancia se limpiaría, se purificaría, nacerían junto a la tumba hierbas verdes, frescas y el pus de las úlceras brillaría en las blancas corolas de las flores.
Otro día esas hierbas frescas, esas corolas blancas darían su sustancia al aire y se evaporaría ésta para depositarse en una nube.
¡Qué hermoso poema el del cadáver del obispo en el campo tranquilo! ¡Qué alegría de los átomos al romper la forma que les aprisionaba, al fundirse con júbilo en la nebulosa del infinito, en la senda del misterio donde todo se pierde!
Un día comenzaría a filtrarse la lluvia y a llevar con ella sustancia orgánica, y al pasar por la tierra aquella sustancia se limpiaría, se purificaría, nacerían junto a la tumba hierbas verdes, frescas y el pus de las úlceras brillaría en las blancas corolas de las flores.
Otro día esas hierbas frescas, esas corolas blancas darían su sustancia al aire y se evaporaría ésta para depositarse en una nube.
¡Qué hermoso poema el del cadáver del obispo en el campo tranquilo! ¡Qué alegría de los átomos al romper la forma que les aprisionaba, al fundirse con júbilo en la nebulosa del infinito, en la senda del misterio donde todo se pierde!
sábado, 18 de julio de 2009
La hoja roja
El viejo Eloy le dijo, con el rostro transido de amargura, que la vida era como una sala de espera y que todos andaban en ella, y que, de tanto en cuando, alguien decía: "El siguiente", y de esta manera, poco a poco, el mundo se iba renovado, por que unos entraban y otros salían.
viernes, 5 de junio de 2009
Homo
Los inteligentes crearon el mundo y los imbéciles disfrutan de él, La selección no es sólo natural sino también cultural, y desde hace miles de años el Homo sapiens elabora comportamientos y sistemas sociales que provocan el exterminio de los mejores.
lunes, 18 de mayo de 2009
La tregua
Si alguna vez me suicido será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo.
martes, 10 de marzo de 2009
jueves, 5 de marzo de 2009
Cartas a un joven poeta
Distinguido señor mío:
Su carta me ha alcanzado hace sólo pocos días. Quiero darle las gracias por su grande y afectuosa confianza. Apenas puedo hacer otra cosa; no puedo entrar en lo que son estos versos, porque estoy demasiado lejos de toda intención crítica. No hay cosa con la que pueda tocarse tan escasamente una obra de arte como con las palabras críticas: siempre se va a parar así a malentendidos más o menos felices. Las cosas no son todas tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer casi siempre; la mayor parte de los hechos son indecibles, se cumplen en un ámbito que nunca ha hollado una palabra; y lo más indecible de todo son las obras de arte, realidades misteriosas, cuya existencia perdura junto a la nuestra, que desaparece.
Su carta me ha alcanzado hace sólo pocos días. Quiero darle las gracias por su grande y afectuosa confianza. Apenas puedo hacer otra cosa; no puedo entrar en lo que son estos versos, porque estoy demasiado lejos de toda intención crítica. No hay cosa con la que pueda tocarse tan escasamente una obra de arte como con las palabras críticas: siempre se va a parar así a malentendidos más o menos felices. Las cosas no son todas tan palpables y decibles como nos querrían hacer creer casi siempre; la mayor parte de los hechos son indecibles, se cumplen en un ámbito que nunca ha hollado una palabra; y lo más indecible de todo son las obras de arte, realidades misteriosas, cuya existencia perdura junto a la nuestra, que desaparece.
jueves, 22 de enero de 2009
Un Maestro de Alemania
La "voluntad de poder", que Nietzsche había atribuido al "espíritu libre", no triunfa en la cumbre de la montaña del "superhombre", sino en el ajetreo de una civilización, con laboriosidad de hormiga, que pone un "sello ciéntifico" en su razón práctica. Eso era aplicable al mundo burqués, pero también al movimiento obrero, cuya solución contundente sonaba así. Saber es poder. La formación había de traer ascenso social y hacer resistente contra los engaños de todo tipo. Al que sabe algo, ya no es fácil hacerle creer nada; lo impresionante en el saber es que ya no hace falta dejarse impresionar. Se promete una conquista de soberanía y se da satisfacción a la necesidad de rebajar las cosas y ceñirlas al formato propio, tan pobre como sea posible.
viernes, 2 de enero de 2009
La guerra de Secondigliano
Matar a todos.A todos sin excepción. Aun teniendo dudas. Aunque no sepas de qué parte están, aunque no sepas si tienen una parte. Dispara! Es chusma. Chusma, solo chusma. Frente a la guerra, al peligro de la derrota, aliados y enemigos son papeles intercambiables. Más que individuos, son elementos en los que probar la propia fuerza y objetivarla. Solo después se crearán alrededor de las partes los aliados y los enemigos. Pero antes es preciso empezar a disparar.
jueves, 13 de noviembre de 2008
División fundamental
Un temperamento tranquilo y jovial, nacido de una salud perfecta y de una feliz organización; una razón lúcida, viva, penetrante y exacta; una voluntad moderada y dulce; y como resultado, una buena conciencia, son ventajas que ninguna categoría, ninguna riqueza puede reemplazar. Lo que un hombre es en sí mismo, lo que le acompaña en la soledad y lo que nadie puede darle ni quitarle, es indudablemente más esencial para él que todo lo que puede poseer o lo que puede ser a los ojos de los demás. Un hombre de talento, en la soledad más absoluta, encuentra en sus pensamientos y en su propia imaginación con qué divertirse agradablemente, mientras el ser limitado, por más que varíe de fiestas, de espectáculos, de paseos y de diversiones, no llegará a sofocar el tedio que le atormenta. Un carácter bueno, moderado y dulce, podrá estar contento en la indigencia, mientras que todas las riquezas no pueden satisfacer a un carácter ávido, envidioso y perverso. En cuanto al hombre dotado con permanencia de una individualidad extraordinaria, espiritualmente superior, ésta puede prescindir de la mayoría de los goces a que el hombre aspira generalmente; además, no son para él más que un trastorno y un peso. Horacio dice de sí mismo:
-Gemmas, marmor,e bur, thyrhena, sigilla, tabellas, argentum, vestes Gaetulo murice tinctas, sunt qui habeant, est qui non curat habere (hay quien teiene perlas, mármol, marfil, estatuillas tirrenas, tablilla, plata , ropas teñidas de púrpura getuliana, y hay quien no se cuida de tenerlas)
y Sócrates decía viendo algunos objetos de lujo expuestos para la venta: ¡Cuántas coas hay que yo no necesito!
-Gemmas, marmor,e bur, thyrhena, sigilla, tabellas, argentum, vestes Gaetulo murice tinctas, sunt qui habeant, est qui non curat habere (hay quien teiene perlas, mármol, marfil, estatuillas tirrenas, tablilla, plata , ropas teñidas de púrpura getuliana, y hay quien no se cuida de tenerlas)
y Sócrates decía viendo algunos objetos de lujo expuestos para la venta: ¡Cuántas coas hay que yo no necesito!
lunes, 13 de octubre de 2008
Rant, la vida de un asesino
Un niño al que nunca se adiestra con Santa Claus es posible que nunca desarrolle la capacidad de imaginar. Para él, no existe nada salvo lo literal y tangible.
Un niño que se desilusiona de golpe, a quien lo desilusionan sus hermanos y otros niños de su edad, a quien lo ridiculizan por su fe y su imaginación, puede que decida no creer nunca más en nada, ni tangible ni intangible. No volver a confiar ni a asombrarse.
Pero un niño que renuncia voluntariamente a las ilusiones de Santa Claus, el Conejo de Pascua y el Hada de los Dientes, ese niño puede desarrollar el conjunto más importante de habilidades, El niño puede reconocer la fuerza de su propia imaginación y su propia fe. Y asumirá la capacidad para crear su propia realidad. Ese niño se convierte en su propia autoridad. Determina la naturaleza de su mundo. Su propia visión. Y al hacerlo, gracias al poder de su ejemplo, determina la realidad de los dos otros tipos: los que no son capaces de imaginar y lo que no son capaces de confiar.
Un niño que se desilusiona de golpe, a quien lo desilusionan sus hermanos y otros niños de su edad, a quien lo ridiculizan por su fe y su imaginación, puede que decida no creer nunca más en nada, ni tangible ni intangible. No volver a confiar ni a asombrarse.
Pero un niño que renuncia voluntariamente a las ilusiones de Santa Claus, el Conejo de Pascua y el Hada de los Dientes, ese niño puede desarrollar el conjunto más importante de habilidades, El niño puede reconocer la fuerza de su propia imaginación y su propia fe. Y asumirá la capacidad para crear su propia realidad. Ese niño se convierte en su propia autoridad. Determina la naturaleza de su mundo. Su propia visión. Y al hacerlo, gracias al poder de su ejemplo, determina la realidad de los dos otros tipos: los que no son capaces de imaginar y lo que no son capaces de confiar.
viernes, 19 de septiembre de 2008
El silencio de Goethe
La historia: Mentiras en putrefacción para abono de cualquier tipo de cultivo. El del patriota es el orgullo mas barato. Y más grosero. Barato, por que no cuesta nada, no requiere ningún mérito ni trabajo, basta con decirse perteneciente a una determinada nación, que casualmente es la más noble y grande del mundo para que el ridículo pigmeo se sienta transformado en poderoso titán. Grosero, por que los seres excepcionales, los genios, se distinguen de la gente vulgar por sus virtudes, mientras que a ella pertenecen ligados por sus vicios y debilidades [...]
[...] El problema de tantos escritores, filósofos o no, es que no tienen nada que decir, y sin embargo escriben. Piensan para escribir, en vez de escribir por que han pensado. [...]
[...] Claro, no he tocado hoy tampoco. Hace por lo menos dos días que no toco la flauta. ¿Qué hora es?... las once y veinte. Demasiado tarde. Hay gente con el oído muy especial. Los mil y un sonido insoportables y sin sentido de la vida cotidiana no les importa, yo creo que ni siquiera los perciben. Pero si llega a sus oídos la música melodiosa que interpreta un vecino a las once e la noche... ah, entonces... la música... [...]
[...] El problema de tantos escritores, filósofos o no, es que no tienen nada que decir, y sin embargo escriben. Piensan para escribir, en vez de escribir por que han pensado. [...]
[...] Claro, no he tocado hoy tampoco. Hace por lo menos dos días que no toco la flauta. ¿Qué hora es?... las once y veinte. Demasiado tarde. Hay gente con el oído muy especial. Los mil y un sonido insoportables y sin sentido de la vida cotidiana no les importa, yo creo que ni siquiera los perciben. Pero si llega a sus oídos la música melodiosa que interpreta un vecino a las once e la noche... ah, entonces... la música... [...]
El mundo como voluntad y representación
La mirada del hombre en quien palpita y se desarrolla el genio es intensa y firme a la vez y le distingue con el sello de la contemplación, como puede observarse en los retratos de los pocos hombres de genio que la naturaleza ha producido entre tantos millones de seres insignificantes.
jueves, 14 de agosto de 2008
Las Islas extraordinarias
Las consecuencias políticas saltan a la vista. Hay gente que ha nacido para mandar. Muy poca. Y gente destinada a obedecer, los más. En el seno de estos últimos es donde se engendran las rebeldías, pero un Estado inteligente lo previene disimulando la explotación. Es lo que se ha dado en llamar justicia social, que consiste en que el trabajador contento de cómo está, se olvide de dónde está. Los trabajadores sienten siempre las mismas apetencias: Pues hay que satisfacérselas. Antes aspiraban a una bicicleta; ahora, a un coche. Pues que lo tengan y se diviertan con él. Mantenerlos en un nivel de vida confortable no sólo contribuye a su contento, sino a su productividad: Es económico aumentar su capacidad adquisitiva, que nos garantiza el consumo de los excedentes industriales. ¿Habrá algo más tranquilizador que verlos los domingos, con sus familias, invadir los lugares de recreo?
jueves, 31 de julio de 2008
La infidelidad sin fe
Cambiar de televisor, de automóvil, de casa, de aspecto, hace tiempo que se da por descontado. Lo más acuciante desde finales de los años ochenta ha sido la extendida neurosis por cambiar de vida. Ciertamente, la cultura de consumo no sólo ha introducico el desplazamiento, la fragmentación, la gripe aviar, y el fashion victim sino tambien la multiplicación de las decisiones relacionadas con la vida y la muerte. El psiquiatra Serge Hefez declaraba que "muchos de nuestros contemporáneos se hallan obsesionados por la obligación de cambiar y se sienten aterrorizados ante la idea de que, no siendo así, su vida carecerá de sentido... De hecho, como a menudo no es tan fácil cambiar de trabajo, de ciudad, o de país, se empieza generalmente por cambiar de pareja. En la treintena muchos jóvenes se sienten intensamente involucrados en su trabajo, viven la estela de su relación amorosa y acaban de tener un niño. ¿por qué dicen querer separarse? No por que su pareja se encuentre en crisis ni por que se amen menos... sino por que se sienten que sería intolerable una vida sin cambios, sin otras historias de amor, sin otras experiencias..." (Le Monde, 6 de abril de 2005). Los anhelos de una estabilidad duradera se sustituyen por aventuras, mas o menos controladas. Al orden de la lealtad, en casi todos los campos, sucede el desorden de la infidelidad. En casi todos los ámbitos.
martes, 22 de julio de 2008
La edad del hielo
Por todo el país, las familias que habían oído las noticias se miraban entre sí y decían "dios mio", o "Cual será la próxima", "Me rindo", o"Bueno, a tomar por culo"; antes de embarcarse en una velada viendo la televisión en color, o en una buena comida caliente, o en una excursión al pub, o en una velada en la sociedad coral. Por todo el país los ciudadanos se echaban la culpa unos a otros por todo lo que iba mal: los sindicatos, el gobierno, los mineros, los obreros del sector del automóvil, los hombres de la mar, los árabes, los irlandeses, sus propios maridos, sus propias esposas, su propio y perezoso vástago que no servia para nada, la educación integrada. Nadie sabia de quién era realmente la culpa, pero casi todo el mundo se las arreglaba para quejarse enérgica y justamente de alguien; sólo unos pocos estaban sumidos en un honorable silencio. Aquellos que durante veinte años se habían quejado del insignificante aumento del coste de la vida, naturalmente, no tenían la elegancia de desear haberse ahorrado el aliento para enfriar sus gachas, porque aquel que se queja una vez se queja siempre, así que los que más se habían quejado cuando no había nada de que quejarse disfrutaban ahora de lo lindo.
domingo, 13 de julio de 2008
El Extranjero
No había sido feliz con su mujer, pero, en conjunto, se había acostumbrado a ella.
Cuando murió se había sentido muy solo. Entonces había pedido un perro a un camarada del taller y había recibido aquél, apenas recién nacido. Había tenido que alimentarlo con mamadera. Pero como un pero vive menos que un hombre, habían concluido por ser viejos al mismo tiempo. "Tenía mal carácter", me dijo Salamano. "De vez en cuando nos tomábamos del pico. Pero a pesar de todo era un buen perro". Dije que era de buena raza y Salamano se mostró satisfecho. " Y eso", agrego, "que usted no lo conoció antes de la enfermedad. El pelo era lo mejor que tenía". Todas las tardes y todas las mañanas, desde que el perro tuvo aquella enfermedad de la piel, Salamano le ponía una pomada. Pero según él su verdadera enfermedad era la vejez, y la vejez no se cura.
Cuando murió se había sentido muy solo. Entonces había pedido un perro a un camarada del taller y había recibido aquél, apenas recién nacido. Había tenido que alimentarlo con mamadera. Pero como un pero vive menos que un hombre, habían concluido por ser viejos al mismo tiempo. "Tenía mal carácter", me dijo Salamano. "De vez en cuando nos tomábamos del pico. Pero a pesar de todo era un buen perro". Dije que era de buena raza y Salamano se mostró satisfecho. " Y eso", agrego, "que usted no lo conoció antes de la enfermedad. El pelo era lo mejor que tenía". Todas las tardes y todas las mañanas, desde que el perro tuvo aquella enfermedad de la piel, Salamano le ponía una pomada. Pero según él su verdadera enfermedad era la vejez, y la vejez no se cura.
martes, 8 de julio de 2008
La ideología de la piel, la piel del mundo
Hace cincuenta años, la política lo era todo. Hoy es un residuo. Michael Serres ha contado de su experiencia como profesor en la Sorbona que cincuenta años atrás, cuando deseaba interesar a sus alumnos, les hablaba de política, y cuando quería hacerles reír, les hablaba de religión. Ahora, sin embargo, hace justamente lo contrario[...]
La religión no es desde luego lo que fue, pero la política mucho menos. Mientras las instituciones religiosas han seguido cumpliendo con su función intemporal y obtienen así la condonación de sus locuras, las instituciones de la política, con el paso del tiempo han envejecido muy mal. La religión puede permitirse siempre, de acuerdo con su pretendida trascendencia, desafiar la cultura de la época, pero la política que no se corresponda con la cultura vigente se perjudica ante los ojos del público y termina apareciendo como ocurre ahora, a la manera de un edificio desvalijado, vacío de mobiliario, asiéndose perversamente a la supervivencia de un antiguo significado que ya no significa.
Los políticos hablan sin decir nada, prometen sin creer en sus palabras, corrigen sus trayectorias sin cesar, firman alianzas disparatadas o despilfarran los recursos sólo con la finalidad de conservar el poder. El elector contempla a sus representantes con escepticismo incluso antes de la votación y si acude, aunque cada vez menos, lo hace atendiendo a un histórico mandato moral que, por otra parte, nada tiene que ver con la actualidad de las circunstancias. Vota, efectivamente, obedeciendo a una voz abstracta, casi religiosa, que asocia la votación con la mitología democrática y la urna con el sagrario.
Pero la política, en efecto, tiene muy poco de sagrado. La adoración a la democracia, que inauguró la modernidad, nacía en coherencia con el respeto a un sistema que liberaba de las tiranías del poder absoluto supuestamente recibido de Dios, para instaurar el gozo de la soberanía popular inmediatamente aureolada de fiesta humana. O, en suma, la democracia ha traspasado el tiempo como una herencia de razón y humanidad proveniente de una revolución destinada a establecer sobre la tierra la libertad, la igualdad y la fraternidad como el trébede sobre el que se cocinaría la felicidad de los siguientes seres humanos.
Lo que la religión había prometido lograr mediante la fe y el paso de la muerte, lo mejoraba la democracia planeando el Paraíso aquí y gracias ala voluntad humana cada vez más asistida por los avances del conocimiento. Los representantes políticos serían los conductores de esa tarea y la confianza que recibían del pueblo, para hacer o deshacer, se correspondería con su responsabilidad extraordinaria. No todos los mejores hombres de la sociedad se involucraban en la política pero, sin duda, la democracia política contó durante un par de siglos con personalidades y líderes insignes. Élites cultas e ilustradas, provistas de proyectos. Pero este mundo también ha terminado.
El tiempo ha pasado, el sistema ha evolucionado en beneficio de lo económico, y los políticos que presiden las democracias, europeas o no, tienen cada vez menos que decir, menos que presentar y, sobre todo, nada que representar. La gente podría representarse a sí misma a través de las nuevas tecnologías de comunicación y no delegar la gestión de sus condiciones de vida a figuras que ya no respeta.
La religión no es desde luego lo que fue, pero la política mucho menos. Mientras las instituciones religiosas han seguido cumpliendo con su función intemporal y obtienen así la condonación de sus locuras, las instituciones de la política, con el paso del tiempo han envejecido muy mal. La religión puede permitirse siempre, de acuerdo con su pretendida trascendencia, desafiar la cultura de la época, pero la política que no se corresponda con la cultura vigente se perjudica ante los ojos del público y termina apareciendo como ocurre ahora, a la manera de un edificio desvalijado, vacío de mobiliario, asiéndose perversamente a la supervivencia de un antiguo significado que ya no significa.
Los políticos hablan sin decir nada, prometen sin creer en sus palabras, corrigen sus trayectorias sin cesar, firman alianzas disparatadas o despilfarran los recursos sólo con la finalidad de conservar el poder. El elector contempla a sus representantes con escepticismo incluso antes de la votación y si acude, aunque cada vez menos, lo hace atendiendo a un histórico mandato moral que, por otra parte, nada tiene que ver con la actualidad de las circunstancias. Vota, efectivamente, obedeciendo a una voz abstracta, casi religiosa, que asocia la votación con la mitología democrática y la urna con el sagrario.
Pero la política, en efecto, tiene muy poco de sagrado. La adoración a la democracia, que inauguró la modernidad, nacía en coherencia con el respeto a un sistema que liberaba de las tiranías del poder absoluto supuestamente recibido de Dios, para instaurar el gozo de la soberanía popular inmediatamente aureolada de fiesta humana. O, en suma, la democracia ha traspasado el tiempo como una herencia de razón y humanidad proveniente de una revolución destinada a establecer sobre la tierra la libertad, la igualdad y la fraternidad como el trébede sobre el que se cocinaría la felicidad de los siguientes seres humanos.
Lo que la religión había prometido lograr mediante la fe y el paso de la muerte, lo mejoraba la democracia planeando el Paraíso aquí y gracias ala voluntad humana cada vez más asistida por los avances del conocimiento. Los representantes políticos serían los conductores de esa tarea y la confianza que recibían del pueblo, para hacer o deshacer, se correspondería con su responsabilidad extraordinaria. No todos los mejores hombres de la sociedad se involucraban en la política pero, sin duda, la democracia política contó durante un par de siglos con personalidades y líderes insignes. Élites cultas e ilustradas, provistas de proyectos. Pero este mundo también ha terminado.
El tiempo ha pasado, el sistema ha evolucionado en beneficio de lo económico, y los políticos que presiden las democracias, europeas o no, tienen cada vez menos que decir, menos que presentar y, sobre todo, nada que representar. La gente podría representarse a sí misma a través de las nuevas tecnologías de comunicación y no delegar la gestión de sus condiciones de vida a figuras que ya no respeta.
martes, 1 de julio de 2008
Aforismos sobre el arte de vivir
Así pues, lo mas esencial para la felicidad de la vida es lo que uno tiene en sí mismo. Pero como esto, por regla general, es tan escaso, la mayoría de aquéllos que ya no tienen que luchar contra la necesidad en el fondo se sienten tan desdichados como los que aún se hallan inmersos en la lucha contra ella. El vacío interior, lo aburrido de sus conciencias, la pobreza de sus espíritus, los empuja a la búsqueda de compañia, la cual, sin embargo, consiguen de otros como ellos pues similis simili gaudet (lo igual a su igual llama) [...]
El hombre rico en ingenio e inteligencia aspirará ante todo a la ausencia de dolor, a vivir sin molestias, a la tranquilidad y al ocio; por consiguiente, llevará una vida callada, modesta y, en lo posible, pacífica y sin conflictos; además, según esto, después de haber conocido un tanto a los llamados seres humanos, acabará por elegir la vida retirada, y si se trata de un espíritu superior, incluso la soledad absoluta. Pues cuanto mas tiene uno en sí mismo, menos necesita del exterior y menos le importan los demás.
El hombre rico en ingenio e inteligencia aspirará ante todo a la ausencia de dolor, a vivir sin molestias, a la tranquilidad y al ocio; por consiguiente, llevará una vida callada, modesta y, en lo posible, pacífica y sin conflictos; además, según esto, después de haber conocido un tanto a los llamados seres humanos, acabará por elegir la vida retirada, y si se trata de un espíritu superior, incluso la soledad absoluta. Pues cuanto mas tiene uno en sí mismo, menos necesita del exterior y menos le importan los demás.
Diván de oriente y occidente
Pueblo, siervos y señores,
proclaman a no dudar,
que la dicha más cumplida
de los hijos de la tierra
es la personalidad
proclaman a no dudar,
que la dicha más cumplida
de los hijos de la tierra
es la personalidad
jueves, 26 de junio de 2008
Silogismos de la amargura
Sólo se suicidan los optimistas, los optimistas que ya no logran serlo. Los demás, no teniendo ninguna razón para vivir, ¿por qué la tendrían para morir?
miércoles, 25 de junio de 2008
Manuscript Remains
Yo no he escrito para la muchedumbre [...] Entrego mi obra a los individuos pensantes que en el trancurso del tiempo aparecerán como raras excepciones. Ellos sentirán lo mismo que yo, o lo que siente un náufrago en una isla desierta, para quien el rastro de alguien que ha sufrido lo mismo que él consuela más que la presencia de todas esas cacatuas y monos en los árboles.
jueves, 19 de junio de 2008
El libro de los abrazos
Fernando Silva dirige el hospital de niños, en Managua.
En visperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a... -susurró el niño- Decile a alguien, que yo estoy aquí.
En visperas de Navidad, se quedó trabajando hasta muy tarde. Ya estaban sonando los cohetes, y empezaban los fuegos artificiales a iluminar el cielo, cuando Fernando decidió marcharse. En su casa lo esperaban para festejar.
Hizo una última recorrida por las salas, viendo si todo quedaba en orden, y en eso estaba cuando sintió que unos pasos lo seguían. Unos pasos de algodón; se volvió y descubrió que uno de los enfermitos le andaba atrás. En la penumbra lo reconoció. Era un niño que estaba solo. Fernando reconoció su cara ya marcada por la muerte y esos ojos que pedían disculpas o quizá pedían permiso.
Fernando se acercó y el niño lo rozó con la mano:
-Decile a... -susurró el niño- Decile a alguien, que yo estoy aquí.
miércoles, 18 de junio de 2008
Las partículas elementales
Regresó a grandes zancadas, casi a la carrera, subió de un tirón los pisos hasta el apartamento de su vecina. Dio tres timbrazos muy largos. Nadie contestó. Desamparado, volvió a su propio edificio; delante del ascensor se interrogó sobre sí mismo. ¿Era depresivo, y tenía sentido preguntárselo? Desde hacía unos años el barrio estaba lleno de carteles llamando a la vigilancia y la lucha contra el Frente Nacional. La extrema indiferencia que él manifestaba por este asunto, tanto en uno como en otro sentido, era en sí misma un síntoma inquietante. La tradicional lucidez de los depresivos, descrita a menudo como un desinterés radical por las preocupacines humanas, se manifiesta ante todo como una falta de implicación en los asuntos que realmente son poco interesantes. De hecho, es posible imaginar a un depresivo enamorado, pero un depresivo patriota resulta inconcebible.
Ejercicios Negativos
Toda convicción inexpugnable nace de un desajuste mental. Así pues, el hombre con convicciones siempre es un maniaco.
Solo debemos sostener una opinión si no nos queda mas remedio: por necesidad de adaptación, dado que no es fácil pasar de puntillas sobre determinados invariables. [...] La debilidad nerviosa y la complacencia sentimental son el caldo de cultivo en el que anida la insania de una convicción.
El alma, por el mero hecho de existir, está necesariamente enferma [...] La mayor parte de los hombres son pobres dementes aterrorizados por los fantasmas que han alumbrado ellos mismos, incapaces de dominar sus propias fiebres, que son la fuente de todos los absolutos grotescos que pueblan las almas y emborronan de forma incurable la vida en común. Y así acabamos aspirando al ser que no se posterna ante nada, para quien todos los símbolos son disfraces menores de una realidad aun menor, al ser ideal, al ser sin convicciones.
Solo debemos sostener una opinión si no nos queda mas remedio: por necesidad de adaptación, dado que no es fácil pasar de puntillas sobre determinados invariables. [...] La debilidad nerviosa y la complacencia sentimental son el caldo de cultivo en el que anida la insania de una convicción.
El alma, por el mero hecho de existir, está necesariamente enferma [...] La mayor parte de los hombres son pobres dementes aterrorizados por los fantasmas que han alumbrado ellos mismos, incapaces de dominar sus propias fiebres, que son la fuente de todos los absolutos grotescos que pueblan las almas y emborronan de forma incurable la vida en común. Y así acabamos aspirando al ser que no se posterna ante nada, para quien todos los símbolos son disfraces menores de una realidad aun menor, al ser ideal, al ser sin convicciones.
Hamlet
Claudio.- ¿cómo está, mi querido Hamlet?
Hamlet.- Muy bueno, señor; me mantengo del aire como el camaleón, engordo con esperanzas. No podréis vos cebar así a vuestros capones.
Hamlet.- Muy bueno, señor; me mantengo del aire como el camaleón, engordo con esperanzas. No podréis vos cebar así a vuestros capones.
martes, 17 de junio de 2008
Pobres
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen tiempo para perder el tiempo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio ni pueden tenerlo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas que se han olvidado de volar.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuera comida.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen silencio ni pueden tenerlo.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen piernas que se han olvidado de caminar, como las alas de las gallinas que se han olvidado de volar.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que comen basura y pagan por ella como si fuera comida.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que tienen el derecho de respirar mierda, como si fuera aire, sin pagar nada por ella.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no tienen más que la libertad de elegir entre uno y otro canal de televisión.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que viven dramas pasionales con las máquinas.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que son siempre muchos y están siempre solos.
Pobres, lo que se dice pobres, son los que no saben que son pobres
Apogeo del parvulario
Nunca más adultos consumieron más golosinas. Tampoco se vio a tantas personas mayores jugando a la pelota, o corriendo, calzándose una gorra y vistiendo de jovencito. La puerilización del pensamiento se corresponde con la boyante industria del infantilismo, presente en el auge cinematográfico de los dibujos animados, en el fútbol con la repetición de peleas de patio, en la política con el recurso a los chivatazos o los acusicas, en la escritura con la enfática celebración de cumpleaños entre novelistas. No faltan tampoco las grandes mentirijillas, los pellizcos de monja, las zancadillas, las ojerizas, los insultos en pareado, las rabias y los payasos.
La vida pública ha perdido su seriedad en provecho del estado de humor y el pensamiento olvida su posible amenidad sustancial en beneficio de las trifulcas de guarnición o superficie. Como consecuencia, el mundo de los periódicos y los telediarios se ha simplificado mucho.
En internacional se trata, diariamente, de anotar la nueva cifra de muertes en Irak y, en nacional, se apunta jornada tras jornada los insultos y jugarretas que un partido nacional tiende al otro en una dialéctica de animación copiada de los escabrosos recursos que caracterizan a Los Morancos, grupo favorito de los adultos simplificados.
El mundo de la Naturaleza, por su parte, reproduce con sus quejas de calentamiento o envenenamientos, con sus ahogos y sequedades en boga, con sus temperaturas altas y extremas diarreas fluviales, la serie de los insufribles dengues de un niño.
La red misma que cubre el planeta a través de la comunicación hablada o escrita, visual o auditiva, se construye como una cuna donde la Humanidad mece sus sentimientos. Por un tiempo, la ciudadanía asumió la guía teórica que sobrevino con la Ilustración pero hoy, fracasados los últimos proyectos utópicos, el horizonte se ha reducido hasta los límites de un patio de colegio.
Ortega asimilaba el placer humano de pensar al disfrute del gorjeo entre los pájaros. Esta clase de entretenimiento, sin embargo, ha perdido tanto público que los más valientes de los pensadores no encuentran sus virtuales trofeos de antaño. Van muriendo los grandes pensadores como el martes lo hizo Baudrillard sin que su definitiva ausencia importe nada. Mueren, por primera vez los intelectuales de peso coincidiendo con el ocaso de la intelectualidad y desaparecen los grandes maestros a la vez que el magisterio se acaba.
La información digital es ya tres millones de veces superior a la que procede de los libros y unas dos terceras partes de ella nacen no de profesionales sino de amateurs, no de profesores sino del público mismo en una suerte de participación espontánea a la manera de Barrio Sésamo.
Ser como un niño fue tan imposible en el pasado que Jesucristo lo establecía como un deber para alcanzar nada menos que el cielo. Hoy, sin embargo, cuando el niño ha adquirido una categoría casi tan alta como la de los osos, la democracia cultural nos facilita la mayoría de los instrumentos precisos para la infantilización plena. Películas burdas, polígrafos en los programas del corazón, porno de todos los colores, numerosas tiendas de chocolates, incontables videojuegos para adultos, repostería farmacológica con o sin azúcar, transmisiones deportivas sin cesar, nuevos juegos de mesa, simulacros bélicos, desembarcos ficticios en las playas, paintballs...
Quien no se hace niño deberá asumir su culpable marginación y su grave desajuste con los tiempos. La producción eligió hace años su target a través del modelo Harry Potter y El Señor de los Anillos. Los piratas del Caribe o los códigos Da Vinci junto a su cosmos audiovisual o escrito, histórico en ciencia ficción, son derivas del mismo patrón reinante. Que los políticos se escupan y tiren de los pelos, que los deportistas se linchen, que se definan países malos y buenos, que el arte adore la fase anal y la arquitectura el máximo garabato son fenómenos de la misma cepa. El cepo coincide con el orden del parvulario y la indolente espera de un mundo mejor.
La vida pública ha perdido su seriedad en provecho del estado de humor y el pensamiento olvida su posible amenidad sustancial en beneficio de las trifulcas de guarnición o superficie. Como consecuencia, el mundo de los periódicos y los telediarios se ha simplificado mucho.
En internacional se trata, diariamente, de anotar la nueva cifra de muertes en Irak y, en nacional, se apunta jornada tras jornada los insultos y jugarretas que un partido nacional tiende al otro en una dialéctica de animación copiada de los escabrosos recursos que caracterizan a Los Morancos, grupo favorito de los adultos simplificados.
El mundo de la Naturaleza, por su parte, reproduce con sus quejas de calentamiento o envenenamientos, con sus ahogos y sequedades en boga, con sus temperaturas altas y extremas diarreas fluviales, la serie de los insufribles dengues de un niño.
La red misma que cubre el planeta a través de la comunicación hablada o escrita, visual o auditiva, se construye como una cuna donde la Humanidad mece sus sentimientos. Por un tiempo, la ciudadanía asumió la guía teórica que sobrevino con la Ilustración pero hoy, fracasados los últimos proyectos utópicos, el horizonte se ha reducido hasta los límites de un patio de colegio.
Ortega asimilaba el placer humano de pensar al disfrute del gorjeo entre los pájaros. Esta clase de entretenimiento, sin embargo, ha perdido tanto público que los más valientes de los pensadores no encuentran sus virtuales trofeos de antaño. Van muriendo los grandes pensadores como el martes lo hizo Baudrillard sin que su definitiva ausencia importe nada. Mueren, por primera vez los intelectuales de peso coincidiendo con el ocaso de la intelectualidad y desaparecen los grandes maestros a la vez que el magisterio se acaba.
La información digital es ya tres millones de veces superior a la que procede de los libros y unas dos terceras partes de ella nacen no de profesionales sino de amateurs, no de profesores sino del público mismo en una suerte de participación espontánea a la manera de Barrio Sésamo.
Ser como un niño fue tan imposible en el pasado que Jesucristo lo establecía como un deber para alcanzar nada menos que el cielo. Hoy, sin embargo, cuando el niño ha adquirido una categoría casi tan alta como la de los osos, la democracia cultural nos facilita la mayoría de los instrumentos precisos para la infantilización plena. Películas burdas, polígrafos en los programas del corazón, porno de todos los colores, numerosas tiendas de chocolates, incontables videojuegos para adultos, repostería farmacológica con o sin azúcar, transmisiones deportivas sin cesar, nuevos juegos de mesa, simulacros bélicos, desembarcos ficticios en las playas, paintballs...
Quien no se hace niño deberá asumir su culpable marginación y su grave desajuste con los tiempos. La producción eligió hace años su target a través del modelo Harry Potter y El Señor de los Anillos. Los piratas del Caribe o los códigos Da Vinci junto a su cosmos audiovisual o escrito, histórico en ciencia ficción, son derivas del mismo patrón reinante. Que los políticos se escupan y tiren de los pelos, que los deportistas se linchen, que se definan países malos y buenos, que el arte adore la fase anal y la arquitectura el máximo garabato son fenómenos de la misma cepa. El cepo coincide con el orden del parvulario y la indolente espera de un mundo mejor.
El beso de Judas
A lo largo de la década de los 80 nos han convulsionado nuevas actitudes y formas de pensamiento. En las artes visuales se ha acentuado la problematización de lo real en una dinámica que nos arrastra efectivamente a una profunda crisis de la verdad. Puede ser, como sostiene Jeffrey Deitch, que "el fin de la modernidad sea tambien el fin de la verdad". Lo que ocurre en la práctica es que la verdad se ha vuelto una categoría escasamente operativa; de alguna manera, no podemos sino mentir. El viejo debate entre lo verdadero y lo falso ha sido sustituido por otro entre "mentir bien" y "mentir mal".
Toda fotografia es una ficción que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografia mientre siempre, miente por instinto, miente por que su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable. Lo importante, en suma, es el conjunto ejercido por el fotógrafo para imponer una diercción ética a su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad.
Toda fotografia es una ficción que se presenta como verdadera. Contra lo que nos han inculcado, contra lo que solemos pensar, la fotografia mientre siempre, miente por instinto, miente por que su naturaleza no le permite hacer otra cosa. Pero lo importante no es esa mentira inevitable. Lo importante, en suma, es el conjunto ejercido por el fotógrafo para imponer una diercción ética a su mentira. El buen fotógrafo es el que miente bien la verdad.
los girasoles ciegos
El niño está enfermo. Casi no se mueve. He matado la vaca y le estoy dando su sangre. Pero apenas logra tragar algo. He hervido trozos de carne y huesos hasta hacer un caldo espeso y oscuro. Se lo estoy dando disuelto en agua de nieve. todo huele, otra vez, a muerte.
Está muy caliente, ahora escribo con él en mi regazo y duerme. ¡Cuánto le quiero! Le he cantado una canción triste de Federico
Llanto de una calavera
que espera un beso de oro
(Fuera viento sombrio
y estrellas turbias)
Ya no recuerdo los poemas que recitaba a los soldados. Con el hambre lo primero que muere es la memoria. No logro escribir un solo verso y , sin embargo, en mi cabeza resuenan mil nanas para mi hijo. Todas tienen la misma letra. Elena.
Hoy le he besado. Por primera vez le he besado. Se me habian olvidado mis labios de no usarlos. ¿qué habrá sentido él ante el primer contacto con el frío? Es terrible, pero debe de tener ya tres o cuatro mes y nadie le había besado hasta hoy. Él y yo sabemos qué largo es el tiempo sin un beso y ahora, probablemente, no nos quede suficiente para resacirnos. El miedo, el frio, el hambre, la rabia y la soledad desalojan la ternura. Sólo regresa como un cuervo cuando olisquea el amor y la muerte. Y ahora ha regresado confundida. Olfatea ambas cosas. ¿Hay ternuras blancas y ternuras negras? Elena ¿de qué color era tu ternura? Ya no lo recuerdo, ni siquiera sé si lo que siento es pena.
Está muy caliente, ahora escribo con él en mi regazo y duerme. ¡Cuánto le quiero! Le he cantado una canción triste de Federico
Llanto de una calavera
que espera un beso de oro
(Fuera viento sombrio
y estrellas turbias)
Ya no recuerdo los poemas que recitaba a los soldados. Con el hambre lo primero que muere es la memoria. No logro escribir un solo verso y , sin embargo, en mi cabeza resuenan mil nanas para mi hijo. Todas tienen la misma letra. Elena.
Hoy le he besado. Por primera vez le he besado. Se me habian olvidado mis labios de no usarlos. ¿qué habrá sentido él ante el primer contacto con el frío? Es terrible, pero debe de tener ya tres o cuatro mes y nadie le había besado hasta hoy. Él y yo sabemos qué largo es el tiempo sin un beso y ahora, probablemente, no nos quede suficiente para resacirnos. El miedo, el frio, el hambre, la rabia y la soledad desalojan la ternura. Sólo regresa como un cuervo cuando olisquea el amor y la muerte. Y ahora ha regresado confundida. Olfatea ambas cosas. ¿Hay ternuras blancas y ternuras negras? Elena ¿de qué color era tu ternura? Ya no lo recuerdo, ni siquiera sé si lo que siento es pena.
Con ánimo de ofender
Oye, chaval. Me dice tu hermana que estás cada vez más para allá, y que has perdido el curso, cacho cabrón. Y que encima te estás metiendo de todo. Y digo todo, colega. Alcohol y pastillas, y pastillas y alcohol, y dos paquetes diarios de tabaco a tus diecinueve tacos. Y que has dejado a tu novia, o en realidad es ella la que te ha dejado porque no te aguanta. Y que vuelves a las tantas saltándote semáforos en rojo con una castaña que te cagas, y que las broncas con tu viejo son de órdago, y que pasas de todo. Que pasas de verdad, con ojos de estar allí lejos sin la menor intención de darte de nuevo una vuelta por aquí en el resto de tu puta vida. Suponiendo, dice tu hermana, que te quede mucha puta vida por delante.
Dice que te diga algo, que me lees los domingos y me haces caso. No sé en qué carajo podrías hacerme caso tú a mí; pero si lo dice ella, que es la Bambi de la familia, sus motivos tendrá. En fin. Que te diga algo, escribe la pava, como si yo fuera la virgen de Lourdes. Y no sé qué decirte, la verdad. De finales felices me creo lo justo. Y la última varita mágica que vi la tenía clavada en el coño un hada a la que violaron en Sarajevo. No sé sí me explico.
Pero en fin. Me sentiría raro si hoy no te dedicara esta página. No por ti, que no te conozco, sino por la Bambi. Se quedaría decepcionada y a lo mejor ya no se leía más novelas mías, ni soñaba con ligarse al padre Quart o a Lucas Corso. Así que mira, voy a decirte algo. Voy a decirte que acabo de apuntar que no te conozco, pero es mentira. No es difícil conocerte si uno mira alrededor y se fija en el país en el que vives, y la tele que ves, y los perros que planifican tu vida y tu futuro, y los políticos a los que votan tu padre y tu madre. No es difícil si uno piensa en esa empresa donde estuviste trabajando este verano, y en el trabajo donde explotan a tu ex novia, y en la desesperación de tus amigos. No es difícil y me hago cargo, te lo juro. Esto es una mierda, y la palabra futuro es como para colgársela de los huevos. ¿Ves como en realidad sí te conozco?
Hay, sin embargo, algo que puedo decirte. Estás aquí, en el mundo que te ha tocado. Sería estupendo que hubiera revoluciones por hacer y sueños por alcanzar, cosas que te pusieran caliente y con ganas de echarte a la calle. Pero sabes, o lo intuyes, que todas las revoluciones se hicieron, y una vez hechas se las apropiaron los de siempre. Que los buenos se quedan afuera, bajo la lluvia, y que esta película la ganan siempre los malos. Sé todo eso porque lo he visto, tío. Lo he visto en todas las lenguas y colores. Lo he visto allí y lo veo aquí. Y sé que las grandes aventuras colectivas, la solidaridad, los mecheritos, yupi, yupi, todo eso se fue a tomar por saco hace mucho tiempo.
Pero quedan cosas, te doy mi palabra. Cuando ya no son posibles los héroes solidarios, llega la vez de los héroes solitarios. A lo mejor, ahora que han muerto los dioses y los héroes con mayúscula, la salvación está en el heroísmo con minúscula. En el peón de ajedrez olvidado en un rincón del tablero que mira alrededor y ve al rey corrupto, a la reina hecha una zorra, al caballo de cartón y a la torre inmóvil, haciendo dinero. Pero el peón está allí de pie, en su frágil casilla. Y esa casilla se convierte de pronto en una razón para luchar, en una trinchera para resistir y abrigarse del frío que hace afuera. Esta es mi casilla, aquí estoy, aquí lucho. Aquí muero. Las armas dependen de cada uno: amigos fieles, una mujer a la que amas, un sueño personal, una causa, un libro... Cómo reconforta, colega, mirar a un lado y ver en otra casilla a otro peón tan solo y asqueado como tú, pero que se mantiene erguido y, tal vez, tiene un libro en las manos. Hay aventuras maravillosas, vidas riquísimas, sueños increíbles que empezaron de la forma más tonta, con sólo pasar la primera página de un libro.
Ya sé que no es gran cosa, colega. No soluciona nada, y lo único que te permite es comprender. Pero eso no está nada mal. Me refiero a comprender que nacemos, vivimos y morimos en un mundo absurdo, que a lo más que podemos aspirar es a asumirlo mirándolo de frente, con el orgullo de quien se sabe peleando solo, hasta el final, solidario con aquellos otros peones que, como tú, libran su pequeña y pobre batalla en casillas olvidadas. Y al final descubres que no es tan grave. Los hombres vagan perdidos hace miles de años, y siempre fue la misma historia. Lo único que los diferencia es cómo viven y cómo mueren.
Dice que te diga algo, que me lees los domingos y me haces caso. No sé en qué carajo podrías hacerme caso tú a mí; pero si lo dice ella, que es la Bambi de la familia, sus motivos tendrá. En fin. Que te diga algo, escribe la pava, como si yo fuera la virgen de Lourdes. Y no sé qué decirte, la verdad. De finales felices me creo lo justo. Y la última varita mágica que vi la tenía clavada en el coño un hada a la que violaron en Sarajevo. No sé sí me explico.
Pero en fin. Me sentiría raro si hoy no te dedicara esta página. No por ti, que no te conozco, sino por la Bambi. Se quedaría decepcionada y a lo mejor ya no se leía más novelas mías, ni soñaba con ligarse al padre Quart o a Lucas Corso. Así que mira, voy a decirte algo. Voy a decirte que acabo de apuntar que no te conozco, pero es mentira. No es difícil conocerte si uno mira alrededor y se fija en el país en el que vives, y la tele que ves, y los perros que planifican tu vida y tu futuro, y los políticos a los que votan tu padre y tu madre. No es difícil si uno piensa en esa empresa donde estuviste trabajando este verano, y en el trabajo donde explotan a tu ex novia, y en la desesperación de tus amigos. No es difícil y me hago cargo, te lo juro. Esto es una mierda, y la palabra futuro es como para colgársela de los huevos. ¿Ves como en realidad sí te conozco?
Hay, sin embargo, algo que puedo decirte. Estás aquí, en el mundo que te ha tocado. Sería estupendo que hubiera revoluciones por hacer y sueños por alcanzar, cosas que te pusieran caliente y con ganas de echarte a la calle. Pero sabes, o lo intuyes, que todas las revoluciones se hicieron, y una vez hechas se las apropiaron los de siempre. Que los buenos se quedan afuera, bajo la lluvia, y que esta película la ganan siempre los malos. Sé todo eso porque lo he visto, tío. Lo he visto en todas las lenguas y colores. Lo he visto allí y lo veo aquí. Y sé que las grandes aventuras colectivas, la solidaridad, los mecheritos, yupi, yupi, todo eso se fue a tomar por saco hace mucho tiempo.
Pero quedan cosas, te doy mi palabra. Cuando ya no son posibles los héroes solidarios, llega la vez de los héroes solitarios. A lo mejor, ahora que han muerto los dioses y los héroes con mayúscula, la salvación está en el heroísmo con minúscula. En el peón de ajedrez olvidado en un rincón del tablero que mira alrededor y ve al rey corrupto, a la reina hecha una zorra, al caballo de cartón y a la torre inmóvil, haciendo dinero. Pero el peón está allí de pie, en su frágil casilla. Y esa casilla se convierte de pronto en una razón para luchar, en una trinchera para resistir y abrigarse del frío que hace afuera. Esta es mi casilla, aquí estoy, aquí lucho. Aquí muero. Las armas dependen de cada uno: amigos fieles, una mujer a la que amas, un sueño personal, una causa, un libro... Cómo reconforta, colega, mirar a un lado y ver en otra casilla a otro peón tan solo y asqueado como tú, pero que se mantiene erguido y, tal vez, tiene un libro en las manos. Hay aventuras maravillosas, vidas riquísimas, sueños increíbles que empezaron de la forma más tonta, con sólo pasar la primera página de un libro.
Ya sé que no es gran cosa, colega. No soluciona nada, y lo único que te permite es comprender. Pero eso no está nada mal. Me refiero a comprender que nacemos, vivimos y morimos en un mundo absurdo, que a lo más que podemos aspirar es a asumirlo mirándolo de frente, con el orgullo de quien se sabe peleando solo, hasta el final, solidario con aquellos otros peones que, como tú, libran su pequeña y pobre batalla en casillas olvidadas. Y al final descubres que no es tan grave. Los hombres vagan perdidos hace miles de años, y siempre fue la misma historia. Lo único que los diferencia es cómo viven y cómo mueren.
Silogismos de la amargura
Solo soy yo si me hallo por encima o por debajo de mí mismo, en la rabia o el abatimiento; a mi nivel habitual, ignoro que existo.
Espejos
En las ciudades de nuestro tiempo, inmensas cárceles que encierran a los prisioneros del miedo, las fortalezas dicen ser casas y las armaduras simulan ser trajes.
Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confie. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza, secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: Cuidado. Los peligros acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
Los pobres, los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponibles, los brazos desechables.
El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesanm cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?
Estado de sitio. No se distraiga, no baje la guardia, no se confie. Los amos del mundo dan la voz de alarma. Ellos, que impunemente violan la naturaleza, secuestran países, roban salarios y asesinan gentíos, nos advierten: Cuidado. Los peligros acechan, agazapados en los suburbios miserables, mordiendo envidias, tragando rencores.
Los pobres, los pelagatos, los muertos de las guerras, los presos de las cárceles, los brazos disponibles, los brazos desechables.
El hambre, que mata callando, mata a los callados. Los expertos, los pobrólogos, hablan por ellos. Nos cuentan en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesanm cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen.
Sólo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿será porque su hambre nos alimenta y su desnudez nos viste?
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